De sus aulas salen jóvenes perfectamente formados para integrarse en un mercado laboral cada día más exigente. Muchos de ellos terminan sus estudios en el IES Andrés Vandelvira prácticamente con un empleo bajo el brazo. Algo que acredita la gran formación que reciben y las múltiples salidas laborales que ofrecen los ciclos de las dos familias de Formación Profesional que se imparten en el centro albaceteño.
En torno a 150 ó 200 estudiantes se decantan cada curso por la oferta de FP de este instituto. Aunque en el último curso la demanda para matricularse se ha disparado sorprendiendo a todos.
La crisis también ha tenido mucho que ver en este crecimiento. «Muchas de las personas que se encontraban trabajando han perdido su empleo y se han encontrado con que ni siquiera tienen una cualificación profesional», explica el jefe de estudios de Formación Profesional del Andrés de Vandelvira, José Félix Lara. Tienen la experiencia, añade Lara, pero eso no basta en el mercado de trabajo actual. «Eso les ha abierto los ojos y les ha hecho encaminarse hacia la FP», señala.
Demanda
La demanda este curso en el centro fue tal que se cubrieron las vacantes existentes y aún así quedó gente en lista de espera. En este instituto se ofertan los ciclos de dos familias profesionales: Química e Industrias Alimentarias. En el primero de los casos cuentan con un ciclo de grado medio de Laboratorio y dos ciclos de grado superior de Química Ambiental y de Laboratorio de Análisis y Control de Calidad. En Industrias Alimentarias el grado medio es de Panadería, Repostería y Confitería, mientras que el superior es el de Industria Alimentaria.
También se pueden cursar, en el ámbito de la FP, dos programas de cualificación profesional inicial, los denominados PCPI. En este caso el centro tiene un PCPI de Auxiliar de Informática y otro de Ayudante de Panadería. En ambos casos no hay ni una sola plaza libre.
Estos programas permiten obtener el título de Educación Secundaria Obligatoria y una cualificación profesional. Se trata pues de una segunda oportunidad para aquellos alumnos que un día se desengancharon del sistema educativo y que ahora quieren volver a él.
Pero son, sin duda alguna, los ciclos formativos de las familias profesionales de Química y de Industrias Alimentarias los que mayor interés despiertan. Y es que en algunos de estos ciclos, como el de Panadería, Repostería y Confitería, la inserción laboral ha venido rozando el 100%. Otro tanto ha venido sucediendo con el ciclo de Laboratorio de Análisis y Control de Calidad, dice Lara.
En el centro, relata el jefe de estudios de FP, disponen desde hace cinco años de un servicio de bolsa de trabajo al que recurren cada vez más empresas buscando futuros trabajadores. «En algunos casos había más demanda que oferta, no teníamos a nadie en bolsa de trabajo en algunas de las especialidades que nos pedían», explica, añadiendo que tradicionalmente el tiempo que transcurre desde que los alumnos acaban sus estudios hasta que comienzan a trabajar es muy breve. De hecho tampoco es raro encontrarse con casos en los que los alumnos son contratados tras acabar sus prácticas por la misma empresa en las que las han realizado, es decir su inserción en el mercado de trabajo es inmediata.
No obstante, la difícil situación económica que atraviesa el país también se ha dejado notar en este sentido. «El sector químico es uno de los más afectadas por la crisis. Uno de los nichos en el que muchos alumnos encontraban trabajo es en laboratorios de ensayo de la construcción», indica recordando que precisamente esta actividad económica se ha visto muy mermada por la crisis.
Pero aún así lo cierto es que sus alumnos cuentan con una gran consideración cuando culminan sus estudios. De ahí que cada vez sean más las empresas que los buscan una vez que ya conocen la formación que reciben y la cualificación con la que salen de las aulas del centro.
Desde el departamento de Industrias Alimentarias del centro desarrollan desde hace algún tiempo una campaña para dar a conocer su oferta académica a los potenciales estudiantes. «Llamamos a los centros de enseñanza para que los que estén interesados vengan un día a hacer prácticas en nuestras instalaciones y nos conozcan», indica el jefe de este departamento, Gabriel Ponce.
Y es que precisamente las prácticas son uno de los puntos más fuertes de estos ciclos. De hecho en los ciclos de Industrias Alimentarias los alumnos pasan la mitad de las horas lectivas trabajando en el obrador existente en el instituto a tal fin. «Prácticamente realizan todas las elaboraciones que se pueden encontrar a la hora de trabajar en un obrador», señala Ponce.
Además tienen convenios para realizar las prácticas en empresas con la mayoría de los obradores de la ciudad y parte de los de la provincia. Convenios que también se extienden, en el caso del ciclo de Industria Alimentaria, a las empresas de alimentación más punteras de Albacete.
Preparación exhaustiva
Junto al obrador del centro, del que podrían salir las futuras estrellas de la repostería, cuentan con una planta de producción que se acondicionó con la maquinaria que se puede encontrar en una industria alimentaria. Eso sí, maquinaria a escala.
Y mientras el olor a pan, a bombones o a frutas confitadas llena el obrador, a tan sólo unos metros los alumnos del ciclo de Industria Alimentaria elaboran, por ejemplo, cárnicos. Elaboración ésta que varía dependiendo de la época del año.
En esta mini planta de producción, recreada al detalle, tras la vendimia hacen su propio vino y tras la campaña de la aceituna elaboran aceite. Los alumnos también hacen quesos, conservas o licores.
Su elaboración incluye todas las fases desde la recogida del fruto siempre que sea posible hasta el control de la calidad del producto una vez hecho. Se trata, cuenta Ponce, de que los estudiantes sepan realizar todas las labores que pueden encontrarse en una pequeña o mediana empresa.
Una vez concluyan sus estudios estos alumnos podrán trabajar en restaurantes o panaderías, entre otros en el caso del ciclo de Repostería, o convertirse en encargados de almazaras, bodegas o industrias cárnicas, en el caso del ciclo de Industria Alimentaria.
En el caso de la familia de Química las salidas profesionales también son múltiples. Entre otros los alumnos del ciclo de Laboratorio podrán ser auxiliares de laboratorio, técnicos o analistas. Los de Laboratorio de Análisis y de Control de Calidad estarán capacitados para trabajar como técnicos de ensayos en materiales de construcción o como analistas en laboratorios químicos, de industrias agroalimentarias, así como en centros de formación, investigación y desarrollo.
Especialistas en control de emisiones de contaminantes a la atmósfera, especialista en reciclaje, o analista de aguas en laboratorio, son algunos de los puestos para los que capacita el ciclo de grado superior de Química Ambiental.
Los alumnos de estos ciclos dedican gran parte de sus horas lectivas a las prácticas en los laboratorios habilitados por el IES.
Además el departamento cuenta con un proyecto de cooperación con la Escuela de Agrónomos en materia de innovación e investigación en biotecnología entre el profesorado universitario y no universitario.
Como en el caso de Industrias Alimentarias, los alumnos que pasan por estos ciclos gozan de gran reconocimiento por parte de las empresas, apunta el jefe del departamento de Química, Benjamín García.
No es raro tampoco que muchos de los que acaban estos ciclos se animen a continuar estudios universitarios, explica. Pero el proceso también se produce a la inversa. Y es que, afirma García, no resulta inusual que haya alumnos que vienen de la universidad atraídos por estos ciclos.