¿Es necesario regular el botellón?; si se opta por la regulación, ¿es aconsejable prohibirlo?. Estas y otras preguntas se pusieron ayer sobre la mesa en una jornada convocada por el Foro de la Participación y cuyas conclusiones serán llevadas a la Mesa por la Convivencia que la alcaldesa, Carmen Oliver, ha convocado para la semana que viene, el miércoles 17 para más señas, para acordar el texto de la futura Ordenanza Reguladora de los Espacios Públicos para Fomentar y Garantizar la Convivencia Ciudadana y el Civismo.
Las conclusiones se supone debían surgir de tres grupos de discusión, integrados por los asistentes a la jornada, unas 40 personas, después de escuchar a un panel de expertos que fue moderado por la delegada de Salud, Angelina Martínez, quien pidió que no se meta a todos los jóvenes «en el mismo saco», pues «una cosa es ir juntos, de cañas, a reírnos y otra ir a romper escaparates», y advirtió de que la administración «no puede suplir la autoridad de la familia» y de que «la represión nunca ha resuelto nada, sólo ha tapado los problemas».
El turno de las ponencias lo abrió Natalia Magariños, socióloga del Observatorio de Drogodependencias de Castilla-La Mancha, que lanzó una baterías de datos estadísticos. Fijó en los 17 años la edad de inicio en el consumo de alcohol, subrayó que el consumo abusivo se da sobre todo entre los 20 y los 24 años y que en las mujeres desciende mucho a partir de los 29 años. Explicó que aunque las encuestas dicen que se hace algo menos de botellón, «sigue siendo un problema de salud pública» porque los jóvenes se reúnen en casas, garajes o en otros espacios gestionados por ellos mismos. El 80% de los jóvenes opinan que el consumo abusivo tiene consecuencias graves para la salud, por tanto, perciben el riesgo de esta práctica.
Entonces, ¿por qué lo hacen? apuntan razones sobre todo lúdicas, porque les gusta, por pasar el rato, por placer... aunque hay un 17% que confiesa no saber porqué va de botellón. Cuando se les pregunta qué medidas podrían adoptarse para acabar con el botellón, el 23% sí que apunta la prohibición, pero la mayoría habla de tener alternativas de ocio (24%) y de bajar los precios de las copas en bares y discotecas (26%) pues muchos justifican que van de botellón por el elevado precio de los cubatas en los locales.
Problemas de orden público
Tras los datos estadísticos, Carlos Alonso Sanz, jefe de Prevención del Servicio Sociosanitario de la Consejería de Salud, expuso su reflexión sobre este fenómeno. Este psicólogo opinó que si los ayuntamientos se han lanzado a regular el botellón es por los problemas de orden público que ocasiona la concentración masiva de jóvenes en la calle, pero tratan de justificar esas normativas en la prevención del consumo de alcohol entre los jóvenes, dando lugar a unas «mezclas extrañas» que no satisfacen a nadie.
Si en estas normas se incluyen medidas educativas, opinó, el «vecino que lleva quejándose, y con razón, porque lleva cinco años sin dormir, no quedará satisfecho», pero tampoco «el joven, que no piensa que tenga un problema». Recordó, que el Colegio de Psicólogos habla del botellón como de un «ritual de paso de la infancia a la adolescencia» y de un «espacio donde los jóvenes encuentran su identidad», por tanto, no lo presentan como un problema. Es más, apuntó que según la Encuesta Escolar que se hace entre los jóvenes de 14 a 18 años, es decir, los menores de edad, si bien un 65% declara beber alcohol en espacios abiertos (botellón), un 66% también confiesa que lo hace en los bares.
Los efectos del alcohol
Más preocupada se mostró María Luisa Celorrio, la coordinadora de la Unidad de Conductas Adictivas, «me preocupa que los jóvenes y los menores beban alcohol, dentro o fuera del botellón», dijo esta médico, que habló de los efectos del abuso de alcohol en los jóvenes. Riesgos para su salud física y mental, y por su conducta que se ve alterada al beber alcohol (accidentes de tráfico, relaciones sexuales sin protección, peleas...) El «mayor riesgo» no obstante es que terminen cayendo en una adicción al alcohol o que éste sea la puerta de entrada para caer en la cocaína u otras drogas.
Por eso esta médico opinó que «todos, las familias, los maestros... todos debemos hacer algo» y se mostró partidaria de educar a los jóvenes para que sean «responsables» y, si optan por consumir alcohol, lo hagan de manera responsable, evitando así las borracheras que se dan en días como Jueves Lardero.
El último experto en intervenir fue el sacerdote Alejandro Márquez, que dirige una comunidad de rehabilitación de drogodependientes. Opinó que el botellón «no es un problema de salud, sí de orden público», pues aunque «sí que es un factor de riesgo» que puede llevar a los jóvenes a caer en una drogodependencia hay «otros factores de igual o más riesgo, como las dificultades que tienen para acceder a un empleo».