¿Se imaginan un mundo en el que los coches no funcionaran con gasolina o en el que las calefacciones de los hogares no se alimenten de gas o de carbón? Se trata de una reflexión que realizó ayer en voz alta el periodista e investigador británico, George Monbiot, que abogó por «dejar de extraer» combustibles fósiles como un primer paso real hacia la reducción de emisiones.
Su voz fue una de las más críticas con la «inacción» de los gobiernos de todo el mundo en materia de cambio climático pese a los mensajes que trasladan a la ciudadanía. A su juicio, hasta que los gobiernos de los distintos países no apuesten por impedir la extracción de los recursos fósiles «la industria seguirá presionando para que se consuman». Consideró «una pérdida de tiempo» la apuesta por las energías renovables «si no sirven para reducir el petróleo, el gas o el carbón que consumimos». Y es que alertó de que el actual modelo se haya pensado para que las renovables complementen a las energías procedentes de combustibles fósiles «porque estaríamos destinado inversiones muy importantes a financiar las energías alternativas cuando no servirá para reducir el CO2 que emitimos».
Para Monbiot, que fue muy duro con el discurso que poco antes había pronunciado la enviada especial de las Naciones Unidas para el cambio Climático, Gro Harlem Brundtland, el mundo espera un modelo que funcione en la lucha contra el cambio climático «tras 17 años perdidos y de autoengaño». Pidió a la clase dirigente que sea clara en los mensajes que envía a la ciudadanía «que digan que una reducción de emisiones tiene un impacto en nuestro estilo de vida, porque no podríamos tener la tele de plasma de varios metros en nuestro salón, ni aspirar a contar el coche más potente».
Asegura que la «comprensión tácita» entre ciudadano y político ya no funciona porque la comunidad científica alerta del posible colapso del planeta «basado en las evidencias que no se pueden negar».
Monbiot participó en la mesa de debate sobre la aportación de las energías renovables a la mitigación del cambio climático, junto al que fuera presidente del Congreso y eurodiputado, Manuel Marín, o el director general de Operación de Red Eléctrica Española, Alberto Carbajo, que también mostraron ciertas dudas sobre el sistema energético actual.
Sin un modelo estable
Marín reconoció que el actual modelo energético español «es insostenible» con una dependencia energética del 84%, «el tercer país de la UE con mayor dependencia». A su juicio, el problema fundamental que se plantea es que España no cuenta con un modelo energético estable «porque está sujeto a los cambios de gobierno», que modifica el marco regulatorio. De ahí que reclamara un pacto de Estado energético para evitar estos vaivenes de modelo. El problema en Europa es que no cuenta con una política energética común y tampoco cuenta con un marco regulatorio estable. A su juicio, el debate sobre el futuro energético no se puede limitar a «energía nuclear sí o no» sino que debe incluir otros elementos, y advirtió de que si no existe una política estable «se puede convertir en el cuento de la lechera».
En la misma línea se pronunció el representante de Red Eléctrica que destacó los problemas que presentan las renovables es carecen de una potencia firme y estable debido a que dependen de «elementos que no podemos controlar». También lamentó la ausencia de una política energética unitaria en Europa y pidió «objetivos coherentes» en el marco regulatorio. No obstante reconoció el potencial de las renovables como vertebrador del territorio, para la generación de empleo, para la mejora ambiental y para reducir la dependencia energética.