
Normalidad en la plaza de Tahrir, símbolo de las revueltas, durante la jornada de huelga. /Afp
Mubarak, ante el tribunal
El depuesto dictador Hosni Mubarak, de 83 años, ha comparecido ante el tribunal que lo juzga en una nueva sesión del proceso por su presunta responsabilidad en la matanza de manifestantes durante la revuelta que estalló el 25 de enero del pasado año.
A diferencia de otras ocasiones, la televisión egipcia no ha mostrado las ya habituales imágenes del dictador entrando en camilla en la sede de la corte, instalada en la Academia de Policía de El Cairo.
En el banquillo, Mubarak ha estado acompañado por el resto de inculpados: sus dos hijos, Alá y Gamal, quien durante años fuera su ministro de Interior, Habib al Adli, y seis de sus asesores.
La vista se ha centrado en escuchar los argumentos de la defensa de uno de los ayudantes del antiguo ministro, quien acusó a "partes extranjeras" de participar en el asesinato de manifestantes durante las protestas.
Preocupados por la situación económica, la mayoría de los cairotas han desoído los llamamientos para una huelga general y han optado por acudir a sus trabajos, justo un año después de la renuncia del presidente Hosni Mubarak, que ha pasado el día ante un tribunal.
La normalidad ha sido la nota predominante en el centro de El Cairo y en el distrito de Guiza, donde la mayoría de los comercios han abierto como cualquier otro sábado en esta jornada de desobediencia civil, convocada por grupos revolucionarios, sindicatos y estudiantes, contra la Junta Militar que sucedió a Mubarak en el poder. Cafeterías, tiendas de ropa, panaderías y agencias de viajes han sido algunos de los comercios que han abierto sus puertas, mientras que el transporte público -metro y autobuses- ha funcionado sin interrupciones. En el aeropuerto, no ha habido cancelaciones y los aviones despegaron y aterrizaron sin grandes retrasos.
"No podemos cerrar porque tenemos muchas reservas", ha declarado Mahmud, contable en la agencia de viajes Safir, cuyas oficinas se encuentran en plena plaza Tahrir, en el centro de la capital. Mahmud ha destacado que el turismo es un sector vital para Egipto y ha señalado que desaprueba la huelga porque, en su opinión, "la economía está muy mal" y necesitan trabajar. Pese a reconocer el deterioro de las finanzas nacionales, Mahmud ha dicho no echar de menos a Mubarak y ha achacado los males del país al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.
Una opinión que compartía Ayman Abderrahim, un carnicero que atendía este sábado a sus clientes en un puesto en el mercado de Bab el Louk, próximo a Tahrir. "El Consejo Militar debe entregar el poder a una autoridad civil, pero primero es más importante que se reanude la producción y que mejore la economía", ha apuntado Abderrahim, que considera que la vida ahora es más dura para los egipcios que hace un año, aunque tampoco añora los tiempos del tirano.
Tahrir, desierta
Pese a que había convocadas concentraciones de trabajadores en Tahrir, por la plaza solo pululaban algunos de los que son sus personajes habituales: algún que otro revolucionario aún acampado, vagabundos sin techo y una tropa de vendedores ambulantes. Donde sí ha habido protestas ha sido en universidades como la de El Cairo, donde un centenar de estudiantes ha participado en una sentada, que no alteró el ritmo de las clases ni de los exámenes.
Entre los manifestantes estaba Sara Rachad, estudiante de Ciencias, que portaba un cartel en español y en árabe, hecho por sus compañeros de filología hispánica, que decía "huelga, huelga, hasta que caiga la Junta". "Puede que ahora haya gente que piense que con Mubarak era mejor y no haya participado en la huelga porque el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas lo ha hecho fatal y no se ha molestado en ofrecer servicios básicos a la gente", ha reflexionado. Aun así, la joven atribuye la escasa afluencia de estudiantes a la protesta en la universidad a que era el primer día de clases tras la vacaciones de invierno y que muchos se habían quedado en casa estudiando.
En la ciudad industrial de Mahala al Kubra, al norte de El Cairo, también hubo protestas, que acabaron con cuatro detenidos: un periodista australiano y su traductora egipcia, un estudiante estadounidense y un líder sindical egipcio. Todos ellos han sido acusados de incitar a los ciudadanos a la desobediencia civil y de cometer actos de sabotaje.