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De 47 tiendas que hay en la calle Rosario, 30 rechazan totalmente su peatonalización

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El comercio sigue en sus trece
Miles de coches pasan a diario por esta estrecha calle, una de las más comerciales de la ciudad. :: JOSÉ MIGUEL ESPARCIA
El cierre al tráfico de la calle Rosario entre Martínez Villena y Carnicerías es un debate recurrente en la ciudad que no termina de cerrarse. Quince años de polémicas y cuatro alcaldes distintos sentados en el sillón de mando, y la cuestión sigue abierta.
Este miércoles, dentro de la Semana Europea de la Movilidad que arranca hoy, se pondrán de nuevo las vallas por unas horas. Entre las diez de la mañana y la una del medio día, los coches tendrán prohibido el paso por esta céntrica arteria de la ciudad, se trata de una medida con carácter simbólico, que se viene adoptado desde hace más de una década, en una especie de 'quiero y no puedo'.
Porque los socios en el gobierno local PSOE e IU parece que querer, quieren; pero de ahí a poder va cierto trecho porque sigue habiendo resistencias que no son fáciles de vencer. La principal es la de los comercios que tienen sus escaparates en estos 200 metros de calle.
'La Verdad' ha hablado con todos ellos, -excepto con dos, que tenían la tienda cerrada- y el pronunciamiento mayoritario es contrario a dejar de ver pasar los coches desde sus tiendas (30 de los 47 establecimientos consultados); aunque también es cierto que algunos compañeros del gremio (13) quieren que la calle sea peatonal cuanto antes. Sólo hay tres con dudas y un establecimiento al que le da igual.
Aunque algo ha cambiado la movilidad de la ciudad en los últimos tiempos, por ejemplo, se han construido nuevos aparcamientos subterráneos y se ha mejorado el transporte urbano en autobús, la posición de muchos comerciantes sigue inamovible.
«Bueno está que no nos ayuden, pero que no nos pongan la soga al cuello», sentencia Lourdes Morcillo, de 'El Aparador', una tienda de muebles y decoración, que da por hecho que peatonalizar la calle traerá consigo la pérdida del comercio, sobre todo, en el primer tramo entre Martínez Villena y la plaza de la Constitución.
Alquileres muy caros
Muchos creen que perderán en publicidad, «mi cartel rojo de Amplifon, se ve desde que entras en la calle», argumenta María Ángeles Vergara, que regenta el único establecimiento de audífonos de la calle. «Y aquí se pagan unas rentas de alquiler muy caras», dice, como para despreciar cualquier posibilidad de venta. A modo de ejemplo, por un local de apenas 50 metros se pagan al mes 3.000 euros. Otros aseguran que aunque en este tramo no se pueda ni parar ni aparcar, porque no hay espacio para ello, -más allá de las escasas plazas para carga y descarga que hay en la plaza de la Constitución-, los coches les traen clientes.
«Hay gente que la traen en coche, paran un momento y bajan, aunque luego el conductor se vaya a a la zona azul o al parking», explica Rafael Cuartero, de la droguería 'Azul y Blanco', que es de la opinión de que a los clientes les gusta tener el vehículo cerca para depositar sus compras.
Argumentan los contrarios a la peatonalización que por la noche, cuando el comercio cerrase, la calle podría resultar más peligrosa y ser escenario de actos incívicos, y por el día ser 'ocupada' por el comercio ilegal, los top manta, como ocurre en la calle Mayor o en la calle Zapateros. Añaden, además, que en ningún momento la calle podría ser peatonal al cien por cien, pues además de ser paso obligado para aparcar en el subterráneo de la Catedral, hay multitud de entradas a garajes. Como ejemplo citan la calle Concepción, peatonal, pero «llena siempre de coches», dice Antonio González, de 'Chamara', y «comercialmente muerta, como le pasó a la calle Zapateros al quitarle los coches», opina Antonio Andújar, de la zapatería J.J.
Centros comerciales
Hay muchos comerciantes que dicen que ya el centro de la ciudad «está bastante muerto» y son de la opinión de que quitar los coches agravaría la situación.
Ese discurso les lleva a hablar de los centros comerciales y las grandes superficies, «si a la gente no le dejan acceder al centro en coche, se marcharán a los centros comerciales donde tienen aparcamientos», argumentan. Es más, Dolores Martínez, de 'La Suiza', se pregunta si hay «doble intención» en rescatar el debate de la peatonalización cada vez que se acerca la inauguración de un nuevo centro comercial, en este caso, pronto abrirán el de la estación del AVE.
«La gente de los pueblos y la de los barrios de Pedro Lamata, de San Pablo... no viene andando», asegura Pilar, de 'Joyería Griñán', que recuerda con pesar la Navidad de hace una década cuando se cerró la calle al tráfico, «fue una ruina, la gente al no poder pasar aquí, se iban al Carrefour y al Eroski».
A éstos se sumó en el 2005 el centro comercial Imaginalia «aquí los sábados de comercio se han perdido, la gente de la provincia y del extraradio se queda en los centros comerciales a comer, comprar y cenar», asegurar Pepa Picazo, de 'Cosas de Casa'.
Otra de las razones que dan siempre quienes se oponen es el tráfico; se preguntan qué pasaría con los miles de coches que por esta calle pasan a diario, se estima que son unos 4.000. «¿Qué van a hacer, desviar todo este tráfico por la calle Feria y el Callejón de las Portadas?, es ridículo, el centro sería un caos, la gente dejaría de venir y de comprar», opina Ignacio Valero, vendedor de Loterías y Apuestas.
Primero quitar tráfico
Quizás por eso, una de las medidas que se ha expuesto a la Mesa de Movilidad es antes de peatonalizar la calle Rosario descongestionar esta vía, ¿cómo?, pues cambiando de dirección la calle San Antonio, evitando así que quienes entren a Albacete por el Paseo de la Cuba mantengan ese hábito de dirigirse al centro por San Antonio para después seguir por Rosario, aunque no tengan que ir al centro, obligándoles así a continuar por Alcalde Conangla. Los expertos que están redactando el Plan de Movilidad, dirigidos por Carlos Corral, han comprobado realizando hasta tres mediciones en distintos momentos del año que el 50% de los conductores que atraviesan este tramo de la calle Rosario no van al centro, sino que utilizan esta arteria para ir de un lado a otro de la ciudad.
Esta densidad de tráfico es el que molesta a los partidarios de la peatonalización. «Por mi, quitaría los coches mañana mismo», declara Rosana, de la zapatería Toque, que opina que los albaceteños, sobre todo aquellos que tienen hijos pequeños, podrían pasear por el centro con más tranquilidad y, por tanto, harían las compras de una manera más cómoda.
Nuria Gromada, que vende complementos en 'Singular', dice lo mismo: «hay familias que se van a comprar a los centros comerciales porque no hay coches». Un argumento que coincide con el que dan algunos de los colectivos que defienden desde hace años la peatonalización, como es Ecologistas en Acción. José Julio del Olmo, que participa en la Mesa de la Movilidad en nombre de este colectivo, aclara que no quiere polemizar con nadie por 200 metros de calle y recuerda que hace 15 años hablaban de peatonalizar la calle Rosario «porque entonces podía ser el símbolo de un cambio de mentalidad», hoy «pasamos de ese debate».
Más coches, menos tiendas
Este ecologista prefiere hablar de un nuevo modelo de movilidad, más que de una acción concreta, y sigue apostando por quitar todo el tráfico del centro, «desde la esquina de Simago hasta el Altozano», dejándolo sólo para los residentes, tareas de carga y descarga y servicios públicos.
Sobre la calle Rosario, sigue opinando que haciéndola «más habitable», es decir, sin coches, también los comerciantes saldrían ganando, «porque los coches no son de gente que pare a comprar, sólo van de paso».
La prueba de que el tráfico no ayuda al comercio, dice este ecologista, es que «en estos 15 años, la calle ha perdido comercio». Y señala también hacia las calles Marqués de Molins y Tesifonte Gallego, «cuánto comercio le queda, apenas seis tiendas, mientras las grandes cadenas se están yendo a los centros comerciales, donde la gente aparca su coche y puede moverse andando».

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