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Cinco de sus seis trabajadores, despedidos porque la falta de liquidez impide pagarles

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Un fallido negocio inmobiliario causa problemas a la Fundación Campollano
La Fundación Campollano tiene su sede en el Centro Cívico del polígono Campollano. :: JOSÉ MIGUEL ESPARCIA
La Fundación Campollano ha despedido a casi toda su plantilla, -tan sólo se ha quedado con una trabajadora-, ante la falta de liquidez para poder pagarles. Unos problemas económicos ocasionados por un fallido negocio inmobiliario en Madrid y, si atendemos a la versión del secretario del patronato de la fundación, Antonio Castillo Alcarria, también a la «deficiente» gestión del gerente, Mauro Martín, a quien despidieron el pasado mes de marzo.
El ya ex gerente, sin embargo, asegura que los problemas de liquidez se deben única y exclusivamente a que la operación inmobiliaria salió mal, porque en pleno boom del ladrillo nadie sospechaba que vendría una crisis como ésta.
La Fundación Campollano nació en 1999, tras la disolución de la Asociación Mixta de Compensación del Polígono. Con un capital fundacional de cerca de 900 millones de las antiguas pesetas, no tiene ánimo de lucro, y su fin principal es la asistencia social, el apoyo a la investigación científica, a la innovación empresarial y a la cultura.
En octubre del 2004, la Fundación constituyó una empresa, Proyectos Sociales S.A., participada al 95% por la propia Fundación, cuyo objeto social es la adquisición de bienes inmuebles, rústicos o urbanos, y su arrendamiento, así como la promoción, construcción y rehabilitación de edificios. A través de esta sociedad, pretendían «rentabilizar» el capital de la Fundación y así poder «cubrir sus objetivos generales», una idea que fue «aplaudida» por el patronato, aseguró el ex gerente, cuando fue planteada por su presidente, Vicente Mompó.
El secretario de la Fundación recalcó que el objetivo último del negocio donde se invirtió parte del dinero de esta entidad benéfica era conservar dicho capital, pues el efecto de la inflación con los años lo habría reducido sustancialmente.
Lofts en Madrid
El negocio con el que pensaron obtener beneficios para poder «multiplicar» la actividad de la Fundación fue la remodelación de una antigua fábrica textil en Madrid, situada en el 23 de la calle Santa Leonor, para crear «lofts industriales y locales comerciales». Para ello, se asociaron con Diseño y Detalle, una empresa de Madrid, de tal forma que esta firma se quedaba con el 25% de la operación y el 75% restante quedaba en manos de Proyectos Sociales S.A.
La remodelación se ha terminado, pero «no todo se ha vendido», según Antonio Castillo, quien explicó que ante las dificultades para vender los locales y los loft por la crisis, han optado por alquilarlos para generar ingresos. Así, la sociedad que impulsó la Fundación Campollano es propietaria de dos locales comerciales en planta baja, uno de ellos ya alquilado a un restaurante; de 5 lofts al cien por cien, de los que tres están alquilados, y del 75% de otros tres lofts, uno de ellos también alquilado ya.
Por tanto, digamos que el dinero de la Fundación Campollano que se invirtió a través de la sociedad está en ladrillo, y de ahí los problemas, o parte de los problemas, de liquidez por los que atraviesa la Fundación.
«Apropiación indebida»
Además, según explicó Antonio Castillo, sucedió que el ex gerente, a quien se nombró consejero delegado de Proyectos Sociales S.A., fue «engañado» por Diseño y Detalle, «entendemos que no hubo mala fe, pero sí una excesiva candidez», de tal manera que unos 800.000 euros que debían haber sido devueltos a la Fundación Campollano, no han llegado todavía. Por este motivo, detalló Castillo, se ha presentado una querella contra Diseño y Detalle acusándola de apropiación indebida, pleito que será resuelto por los juzgados madrileños.
«El gerente reconoce que lo han engañado y eso ha perjudicado gravemente a la Fundación», aseguró a 'La Verdad', Antonio Castillo, quien además justifica los problemas de la entidad en la gestión que Mauro Martín hizo de los proyectos que llevaba a cabo la Fundación Campollano.
Según Castillo, éste no «miró la peseta» y llegó un momento en que los costes de personal «eran elevadísimos», de tal manera que la Fundación además de financiar el porcentaje que le correspondía de los distintos proyectos, puesto que las subvenciones no eran del 100% de su coste, tenía que asumir sus gastos de funcionamiento, dando lugar a pérdidas. Castillo insistió en que, sin el fallido negocio de Madrid, los problemas de liquidez que están sufriendo no se habrían evitado, aunque sí es cierto «que las medidas necesarias no tendrían que haber sido tan drásticas».
Y lo más grave, continuó el secretario de la Fundación, es que el entonces gerente «engañó» a los patronos al facilitarles «cifras que no se correspondían con la realidad». «El patronato -aseguró- sólo se reunía dos veces al año, por tanto confiábamos en él» .
Así, el 18 de marzo del 2009, fue despedido por «transgresión de la buena fe contractual y abuso de confianza en el desempeño de su trabajo»; un despido que, apuntó Castillo, fue declarado procedente por el juzgado de lo social número 3 de Albacete, decisión judicial que ha sido recurrida por el ya ex gerente y que tendrá que ser estudiada por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha.
«Aventura inmobiliaria»
El aludido, por supuesto, tiene una versión muy distinta de lo ocurrido. Mauro Martín recalcó que los problemas de liquidez vienen exclusivamente por la inversión en Madrid, «que no fue decisión del gerente, sino del patronato», una «aventura inmobiliaria» emprendida por unos «aficionados» que terminó fracasando, igual «que han fracasado las aventuras de miles de millones de super empresarios» dada la crisis. Explicó que cuando se planteó el proyecto resultaba de lo más atractivo, tanto que algunas personas plantearon la posibilidad de entrar en él a título particular, aunque al final se optó porque la sociedad estuviera participada en un 95% por la Fundación Campollano y el 5% restante por el hijo del secretario, aseguró. El problema, continuó Martín, pudo venir porque la obra parece ser que costó algo más de lo previsto inicialmente y porque se retrasó, llegando entonces la crisis que ha frenado en seco las ventas inmobiliarias.
Polémica creación
El ex gerente defendió con rotundidad la gestión que hizo en la Fundación Campollano, donde entró en el 2000, un año después de su creación. Recordó que por aquel entonces hubo un «enfrentamiento absoluto» por parte de empresas del polígono y de la Asociación de Empresarios de Campollano (Adeca) que estaban en contra de la Fundación. Con el tiempo, continuó Mauro Martín, se logró que reconociesen la labor que se estaba haciendo e incluso que se integrasen en el patronato, «entonces todo eran felicitaciones y elogios de la mayoría de los patronos hacia mi».
Martín dice tener su conciencia tranquila y se muestra orgulloso del «prestigio» cosechado por la Fundación Campollano en estos años y por los resultados obtenidos, «a los cinco años de su creación, unas 1.000 empresas se habían beneficiado de sus proyectos, y ahora seguramente que serían ya unas 3.000, no todo son euros, hay también intangibles como éstos».

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