A poco que uno controle a los clásicos sabrá que Harpagón bien podría ser cuestionado por el regalo de unos trajes de chaqueta o bien sumarse a la huelga de jueces o, en el caso más extremo, ser artífice de esta crisis mundial que estamos atravesando. En pleno estallido del reconocimiento de la recesión económica, Eureka Teatro estrenaba en Higueruela su última producción, El Avaro, de Molière, que ha supuesto el regreso a la dirección de Ángel Monteagudo Monti que, además de dramaturgo, ha demostrado una alta dosis de videncia y predicción, pues decide escribir la adaptación de esta obra en el momento económico más boyante para criticar, precisamente, el despilfarro exacerbado, la avaricia compulsiva y la extensión del ansia de ganar dinero a todos los estratos sociales y políticos ignorando la solidaridad y la equidad social.
Curiosamente se dio la circunstancia de que, en el preestreno en septiembre de 2008 de El Avaro, se declaró la crisis internacional, se anunció una huelga de jueces y, poco después, estalla el caso Gürtel y la polémica de los trajes del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, escenas reales -que no cómicas- del siglo XXI que bien pueden trasladarse al modo de vivir de Harpagón en el siglo XVII, es decir, que la obra del autor francés está más vigente que nunca porque se emplea en esa condición humana que se mantiene por los siglos de los siglos. Queda por tanto evidente que aquel teatro moderno francés, aquella carpintería de Molière hoy denominada gran comedia, ha cambiado muy poco sus ingredientes: si antes se buscaba la risa y la carcajada y se encorsetaba al autor teatral en la crítica, pues estaba terminantemente prohibido censurar los actos de la aristocracia, ahora se añade una suave reprobación al poder y a quien lo ostenta, pero también con mucho cuidado: «Molière no podía decir ni mu de la aristocracia, no hay ni uno de ellos que sea criticado; tenía que hacer mofa pero con mucho cuidado», explica Ángel Monteagudo que, a modo de ejemplo, habla de El Tartufo que, a pesar de ser beato, fue prohibida en Francia. Esto obligó de alguna forma al dramaturgo francés a centrar sus críticas en la burguesía: banqueros y empresarios, colectivos que hoy «caminan hacia su propio interés sin importarles un pimiento los demás, ni siquiera los hijos», dice Monti.
En París
El Avaro se desarrolla en París. El rico y avaro Harpagón tiene dos hijos: Elisa, enamorada de Valerio, un gentil hombre napolitano que trabaja al servicio de su padre; y Cleantes, que desea casarse con Mariana, una joven huérfana sin fortuna. A Cleantes no le gusta nada que la avaricia de su padres pueda contraria sus proyectos sentimentales. Harpagón, por su parte, vive aterrorizado por el miedo a que alguien le pueda robar una arqueta con diez millones que ha escondido. Suspicaz, desconfía de todo el mundo, incluyendo a sus hijos, y llega incluso a despedir a Flecha, criado de Cleantes.
Hasta que desvela a todo el mundo sus intenciones: desea casarse con Mariana, Elisa será entregada (sin dote) al anciano Anselmo, y Cleantes está destinado a casarse con una viuda. La joven se niega con vehemencia y su padre pide a Valerio que haga por convencerla. Éste acepta, pero piensa en huir si es necesario con su amante...
La nueva producción de Eureka Teatro ha supuesto el regreso de Monti a la dirección, aunque nunca ha dejado de estar en movimiento creativo desde que, con 19 años, decidiera dedicarse en cuerpo y alma a la creación escénica: «Como nunca me he creído nada -explica-, me gusta conocer y compartir. Por eso siempre han venido directores de fuera, desde Cómicos a Eureka, porque siempre busco, dentro de lo que conozco, compartir con gente que te puede aportar cosas nuevas, porque quedarte mirándote el ombligo no te conduce a nada». Una filosofía que también aplica a los actores y, si bien es cierto que algunos de ellos siguen siendo «fieles» a Monteagudo, otros se han ido en busca de nuevas oportunidades y alternativas, una opción muy normal en el mundo del teatro. Esto le ha permitido a Monti buscar también actores puntuales para montajes puntuales, de los que nunca se ha despegado.
Pero ahora, con la experiencia que dan las canas sobre la escena, Ángel Monteagudo ha decidido «empezar otra vez» y volver a dirigir, especialmente a la gente joven que empieza con más entusiasmo en esta disciplina artística. Y para cumplir este deseo tiene una plataforma muy buena: el Taller de Teatro de la Universidad Popular del que es profesor junto a Llanos Briongos, una profesional que ha generado una dinámica muy interesante a través de la puesta en marcha de talleres de creación colectiva y de clásico que van subiendo como la espuma.
Hacerlo popular
Bajo su dirección, Monti ha conseguido quitarle el polvo a este clásico, darle una mano de pintura y volverlo popular, componentes que se vislumbran especialmente en el vestuario, pues todos los personajes son jóvenes modernos del siglo XXI, a excepción del propio Harpagón, que luce tan clásico que simula a Drácula saliendo de su ataúd como si fuese inmortal. Un guiño muy llamativo en este montaje con el que Eureka Teatro trata de enseñarnos que la avaricia está en cada uno de nosotros.
Tras más de un año de gira por Castilla-La Mancha, el público que todavía no haya disfrutado de esta divertida comedia podrá hacerlo el próximo viernes, 4 de diciembre, en el teatro-auditorio de Chinchilla, a partir de las 22 horas.