Reclutar niños y niñas soldado es una práctica habitual en muchos conflictos armados en todo el mundo. Aunque es imposible ofrecer cifras concretas, se calcula que más de 300.000 menores de 18 años son obligados a realizar labores especialmente peligrosas como desactivar minas o servir de escudo humano. Anoche, el cooperante y observador internacional Ramón Arozarena, gran conocedor de estas prácticas en África, clausuró el ciclo de Cine y Derechos Humanos, enmarcado en el Festival Sol Mestizo de Amnistía Internacional.
-¿Qué puede contar Ramón Arozarena sobre la realidad de los niños soldado?
-En primer lugar es importante que la gente conozca que la definición auténtica de niño soldado es toda aquella persona, niño o niña, menor de 18 años, que ha sido integrado en las guerrillas por la fuerza o, entre comillas, voluntariamente, no sólo como combatiente, sino como cocinero, porteador, espía El niño soldado no es exclusivamente el que lleva un fusil o un kalashnikov en la mano. Dentro de este mundo, también hay que poner de relieve a la niña soldado que, además de ser reclutada como guerrillera, la mayoría de las veces es alistada forzosamente con fines sexuales.
-Hay datos que estremecen. Un informe de AI señala, textualmente, que los niños y niñas «aportan ventajas adicionales ya que obedecen sin rebelarse y son fácilmente reemplazables». Esto es muy fuerte.
-Casi siempre, el reclutamiento o alistamiento de estos niños tiene la base en la competencia, en la lucha por el control de recursos y riquezas, como es el caso de la República Democrática del Congo, de Sudán, de Uganda, de Liberia o de Sierra Leona Efectivamente, el reclutamiento de niños tiene ventajas en cuanto se da por supuesto, y se logra sobre todo, que el niño es muy disciplinado, se le modela más fácilmente y, además, se reemplaza fácilmente.
-Resulta curioso que un fenómeno de estas características, que no es nuevo, haya permanecido invisible durante muchos años.
-Las cancillerías y los poderes lo conocen sobradamente. Tanto en el tema de la explotación de los recursos, detrás del cual están estas guerras, como en el ámbito de la información, hay una cierta complacencia, si no complicidad, del mundo occidental y económico.
-¿Por qué?
-Las guerrillas reclutan o alistan a niños para controlar zonas de recursos naturales muy importantes para nosotros. La creación de milicias es para controlar estos territorios, para explotar y comercializar una serie de productos que llegan a Occidente y que no llegarían a las grandes empresas multinacionales si no hubiera una connivencia y un conocimiento de este tipo de prácticas.
-Decía en la definición de niños soldado que son menores de 18 años. ¿Usted ha visto en África a niños con 4 ó 5 años con un arma en la mano?
-Yo, personalmente, no he visto ninguno, pero manejo informes del Servicio de Jesuitas por los Refugiados, que tiene en el Kibú un centro de reinserción de niños, que señala que éstos menores, hoy adolescentes, fueron reclutados con 8 ó 10 años, aunque la media se sitúa entre los 10 y 12 años de edad cuando son alistados.
-¿Suelen ser estos niños secuestrados en la calle, en las aulas, en sus casas ?
-Hay una parte de estos niños que son forzados, pero hay un porcentaje muy elevado que es reclutado, entre comillas, voluntariamente, pero, en el fondo, es la pobreza, la miseria y la falta de perspectiva la que obligan a un niño a escapar de su casa -o con el visto bueno de sus padres- para integrarse en un grupo armado que, a su vez, trata de atraer a estos menores prometiéndoles una posible seguridad. Este reclutamiento voluntario no es más que la demostración de las circunstancias ínfimas, de miseria, inseguridad y de conflictividad en las que viven determinadas zonas africanas.
-En este sentido, ¿puede influir una cultura propia?
-No, en absoluto, porque la cultura africana no es violenta ni agresiva ni especialmente conflictiva. Lo único que podría dar algún tipo de explicación -que no es la mía- es que en las culturas tradicionales rurales el niño juega un papel social y económico distinto a nuestro mundo.
-¿Qué futuro le espera a un niño soldado?
-Un niño soldado podrá ingresar en un centro de reinserción, donde se les ofrece ingresar en el ejército nacional o, si no aceptan, se les imparte una pequeña formación y se les ofrece un salario para que puedan integrarse en la comunidad, algo nada fácil porque vienen de una vida muy dura. Aquí deberíamos poner el acento en las niñas soldados, pues en El Congo, el 40% de los niños ex soldados son mujeres y, sin embargo, sólo el 2% ingresa en los centros de reinserción.
-¿Qué se puede hacer desde el mundo Occidental?
-Lo primero que hay que hacer es que estas realidades se hagan más visibles, y en esto, los medios de comunicación juegan un papel muy importante. Segundo, es necesaria la sensibilización de la población con actuaciones como las que ha hecho Amnistía Internacional en Albacete. Tercero, hay que colaborar y ayudar a las instituciones que se dedican en África a desarrollar programas de desmovilización, desarme y reinserción de estos centenares de niños y niñas. También es necesaria una política internacional de prevención de conflictos más eficaz y un mayor control en la fabricación y venta de armamento.