A los lectores del presente diario / les propondría escribir un soneto; / mucho mejor si es un adivineto, / El tema naturalmente muy vario. / Puede ser cotidiano y ordinario, / algo querido, cercano y concreto, / el bloc de apuntes lo tengo repleto; / o algo abstracto quizá extraordinario. / Número y letra un día permutar / y guardar el sudoku en un cajón; / las palabras intenta encajar / como medio de comunicación. / El soneto te puede hacer soñar. / La vida es poesía e ilusión.
Desde un comercio próximo, veo el tejer y destejer de los operarios municipales en un punto de la calle del Rosario, una de las que están adoquinadas como «semipeatonal» (después de varios años aquí, aún no sé qué es eso).
Cada vez que caen cuatro gotas, en puntos como el paso de peatones del cruce con Mayor, y otros, como el que hay junto a la entrada del Pasaje Massó, los adoquines se desnivelan, y se forman charcos y salientes.
Con más o menos rapidez, llega una cuadrilla municipal, quita los adoquines, echa arena, vuelve a poner los adoquines y se va. A los cuatro días, vuelta a empezar: se desnivelan, se salen de su sitio, vuelve la cuadrilla municipal, etcétera.
Ahora ha vuelto a pasar con las lluvias de estos días, pero más gordo (debe ser que ha llovido más). Charcos y adoquines removidos a base de bien. Llegaron una vez más, quitaron, pusieron y ya han vuelto a descolocarse. No tengo ni idea de las (desde luego muchas) veces que se ha repetido la operación desde que pusieron los adoquines en esta calle, una de las que (es semipeatonal, recuerden) más tráfico soporta de Albacete. ¿Me van a decir que no hay solución? ¿Tanto ingeniero, tanto arquitecto, tanto técnico, tanto asesor, tanto consultor como pagamos no saben colocar un pavimento que dure más de cuatro días? Los vecinos ya hacen apuestas, entre bromas, cada vez que se repite la chapuza.
Carlos González
Hace unos años hubo un notable debate social sobre la telebasura, un término que me parece muy acertado para definir parte del menú que nos sirven muchas (hay quien piensa que todas) nuestras televisiones. Casi todo el mundo estaba en contra, o eso decía. Que era intolerable tanto mal gusto, tanto cotilleo, tanto estilo chabacano a todas horas, mezclado con pagos por supuestas exclusivas sobre las intimidades de la apestosa galaxia hortera del famoseo hispano.
Habrán observado que ya no hay debate; se acabó, ya es raro encontrar, muy de tarde en tarde, algún articulito, pero el debate se extinguió.
¿Ya no hay telebasura? Es evidente que hay, y más que nunca. Lo que pasa es que ya no hay lugar para el debate, porque nos hemos acostumbrado y ya no nos escandaliza; es lo que hay.