Una veintena de expertos en temas de Infancia y de Educación a nivel nacional e internacional dieron forma ayer, durante toda la mañana, y reunidos en el Salón de Plenos municipal bajo la coordinación de John Bennet, experto que ha trabajado con la Unesco y la OCDE en estos ámbitos, al Manifiesto de Albacete. Un documento que se ha elaborado en el marco del I Congreso Mundial de la Infancia por la Paz que se desarrolla estos días en el Palacio de Congresos de Albacete y que hoy será ratificado por los congresistas en la clausura del mismo.
Con él se pretende fundamentalmente instar a los gobiernos de todos los países del mundo a trabajar y a esforzarse para que la Educación para la Paz sea una materia obligatoria en los curriculos educativos desde la primera infancia. Esta veintena de expertos de los cinco continentes, que trabajó en inglés y en español, dedicó la mañana a diseñar los esquemas principales del Manifiesto de Albacete, definidos por la tarde, con un grupo más limitado para poder ser hoy ratificado en la clausura, prevista para la una de la tarde. Un debate en el que también estuvieron presentes, por la mañana, no sólo el alcalde de Albacete, Manuel Pérez Castell, sino también la Plataforma Antimilitarista de Albacete, que volvió a sacar su pancarta de protesta.
Un reto
En el preámbulo de la Declaración de Albacete, los expertos destacaron que el fin del Siglo XX y el comienzo de un nuevo milenio han sacado a la luz nuevos problemas, como el calentamiento global, y nuevas herramientas para hacerles frente.
Junto a ellos, los fundamentales, también hay otros retos -leía ayer Gaby Fujimoto, experta de la OCDE, que dio a conocer el manifiesto- que también requieren de una necesaria coordinación entre países y entre instituciones para afrontarlos, como son los conflictos armados y las guerras.
Y, a continuación, hay retos «más íntimos», menos palpables, que también hay que intentar atajar -platea el documento- como son el racismo, la intolerancia, la violencia doméstica o el impacto brutal de los medios de comunicación en las mentes de los niños (este último aspecto, en el apartado de las concreciones y sugerencias quedó redefinido destacando que son mínimos los medios de comunicación que afectan de forma negativa y que la mayoría ejercen un papel positivo para la educación). Por todo ello, destaca el Manifiesto de Albacete, para hacer frente a todos estos retos que son comunes a todos los países, es necesario «un cambio de mentalidad para acercarse más a la cultura de la paz y la cooperación», leyó Fujimoto. Por ello, añadió, «construir las defensas de la paz es esencialmente un trabajo de educación, que se debe empezar desde la primera infancia».
Los compromisos
Por todos estos aspectos recogidos en el preámbulo del Manifiesto de Albacete, los expertos acordaron una serie de compromisos que trasladarán -una vez ratificado hoy el documento- a los gobiernos de todo el mundo y a los Organismos Internacionales que trabajan con temas de Infancia y Educación.
De entre los nueves puntos concretos dibujados por estos expertos, destaca fundamentalmente varias ideas principales: la importancia de trabajar por una educación igualitaria, en la que desde niños hombres y mujeres tengan los mismos derechos; la necesidad de erradicar la pobreza, en cuanto que supone una barrera para «una mentalidad pacífica» (la erradicación de la pobreza es, a la vez, uno de los principales retos de los ocho Objetivos del Milenio); impulsar la participación de los niños, teniendo en cuenta sus criterios y opiniones, a la hora de diseñar las estrategias educativas; y acabar con el acoso escolar, tratando de resolver los conflictos de forma pacífica. Junto a ello, hay que procurar que gobiernos nacionales y organismos internacionales diseñen conjuntamente estrategias de actuación y que el proceso educativo sea constante y permanente.