Pero, ¿qué es eso de la brecha digital? Esa expresión se viene usando para hablar de la separación, cada vez mayor, entre las zonas que hacen un uso intensivo de las nuevas tecnologías de comunicación y las que se están quedando atrás, aunque avancen algo.
En el uso de la banda ancha, por ejemplo, Cataluña tiene más del doble de implantación (36,6% de hogares equipados) que Extremadura (16,3%). Castilla-La Mancha estaba, en el primer semestre del 2006, en un 20,7%, la tercera por la cola, casi nueve puntos por debajo del promedio nacional.
Pérdidas
Lo que puede parecer un mero dato estadístico se convierte en una pérdida de posibilidades como las de usar la Administración electrónica (por ejemplo, pedir cita al médico, hacer la declaración de la Renta o acceder a impresos o información oficial). Por supuesto, nace de descargar música o películas ni de intercambiar documentos o fotos con otras personas.
También las empresas pierden competitividad; casi no se concibe el funcionamiento de una sociedad que no tenga acceso a servicios como el correo electrónico y otras muchas facetas de internet. De modo que no disponer de banda ancha puede ser un factor decisivo en contra de la implantación de empresas en un lugar.
Pero además hay otro inconveniente, y no precisamente despreciable. Que se acerque el servicio a los usuarios de las zonas rurales no supone que se les regale, ni siquiera que puedan disfrutarlo en igualdad de condiciones con el resto; al contrario, tienen que pagarlo más caro.
Basta echar un vistazo a la página de contratación del servicio de internet rural: cuota de alta de 39 euros más IVA, en todos los casos; y cuotas mensuales de 39 euros por la línea ADSL de 512 kbps; 75 euros la de un mega; 120 euros la de dos, y 150 euros la de cuatro. Más IVA. Modem, cableado y otras opciones se facturan aparte, según las ofertas del momento.
De modo que, simplificando, para tener acceso a lo que viene siendo el estándar de ADSL actualmente, un vecino de estas zonas rurales deberá pagar un recibo mensual de más de veinte mil pesetas, unos 140 euros.
El siguiente capítulo sería ya otra historia: la variable calidad del servicio cuando el abonado está lejos de la central telefónica, o cuando recibe la señal por Wimax o satélite; la dependencia que supone un suministro eléctrico no siempre estable, o el inconveniente de la lejanía para contar con servicio técnico: son muchas las variables en contra.