Los hijos cuyos padres padecen trastornos alimentarios, como la anorexia , tienen una mayor probabilidad de sufrir este problema, que afecta a cerca del uno por ciento de la población, y puede llevar al suicido al cinco por ciento de los jóvenes afectados. Así se puso ayer de manifiesto durante el seminario Trastorno de la Conducta Alimentaria: anorexia y bulimia nerviosa, que hasta el próximo viernes se celebra en Valencia y en la que participan destacados expertos nacionales e internacionales en este problema, que afecta especialmente a las niñas en edad adolescente.
Mae Lynn Reyes Rodríguez, del departamento de Psicología de la Universidad de Puerto Rico, explicó que en el caso de la anorexia existe una predisposición genética a sufrir la enfermedad, aunque precisó que el riesgo es mayor si, además, se combinan factores como tener baja la autoestima, las burlas de compañeros en niños con sobrepeso, la presión social o el tipo de alimentación.
Reyes alertó de que el inicio de estos trastornos se produce en edades muy tempranas y consideró esencial comenzar la prevención en niñas de entre 9 y 12 años, ya que la transición entre la niñez y la adolescencia «es un periodo de alto riesgo, especialmente en las niñas». «Si se observa que el niño o niña comienza a hacer dietas o a tener una baja autoestima, porque afirma no estar igual que otros niños más delgados, los padres deben ponerse en alerta», señaló la experta, quien agregó que la familia «no debe fomentar la crítica, sino trabajar en la aceptación del cuerpo y en promover hábitos de ejercicio y alimentación saludable».