Jueves, 2 de noviembre de 2006
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ALBACETE

FAMILIA GARCÍA PÉREZ ADOPTANTES EN ETIOPÍA
«La adaptación ha sido difícil por lenguaje y cultura»
Oscar Pérez y Lourdes García acaban de adoptar a dos hermanos etíopes de cinco y tres años de edad
«La adaptación       ha sido difícil por lenguaje y cultura»
NUEVOS PADRES. Oscar y Lourdes juegan con sus hijos en el parque de los Jardinillos de la Feria.
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SE les ve felices, emocionados y con una mochila cargada de planes y proyectos de futuro. Óscar Pérez y Lourdes García han cumplido su sueño de ser padres. Apenas llevan tres meses en Albacete con sus dos hijos, Woinhareg y Matias, de cinco y tres años respectivamente, nacidos en Etiopía.

El camino hasta poder abrazar a sus dos pequeños no ha sido fácil y la adaptación de los niños en Albacete tampoco, por lenguaje, por cultura, por alimentación, por añoranza Y es que la edad de los recién llegados, sobre todo de la pequeña Woinhareg, hacen que se planteen preguntas muy complicadas de contestar para una comprensión satisfecha por parte de la niña.

Tanto Oscar como Lourdes han tenido siempre claro que querían ser padres, pero biológicamente tenían que echar mano de técnicas de reproducción asistida, sin embargo, «teníamos claro que queríamos ser padres, no queríamos un embarazo», afirman.

En enero de 2004 decidieron formalizar la solicitud de adopción a Bulgaria, porque «es un país pequeño donde los niños desprotegidos no son muchos; buscábamos un país que conociera nuestro expediente porque hay pocas solicitudes».

Tras recibir el obligatorio certificado de idoneidad, este matrimonio albacetense se encontró con la sorpresa de que en Bulgaria se estaban aprobando políticas de protección de menores en su intento de formar parte de la Unión Europea. Fue entonces cuando la solicitud de adopción la cambiaron a Rusia, porque «de las opciones que quedaban era la que más nos convencía». Tras contactar con la ECAI y mandar la documentación, en julio de 2005 les asignaron la región de Vladivostok aunque, de nuevo, llegó la desilusión, pues «empezamos a oír rumores de que las autoridades rusas habían desacreditado varias ECAI, entre las que estaba la nuestra», como así corroboraron en febrero de este año.

Con desasosiego y algo de desesperación, Oscar y Lourdes volvieron a cambiar la solicitud y fue cuando marcaron en el mapa Etiopía. En este sentido explican que «nunca habíamos descartado ese país, pero cuando nos informamos de su método de adopción era por protocolo público y no tenía un proceso muy transparente; sin embargo, en febrero de este año nos enteramos de que Etiopía había legislado la adopción y que había una ECAI en La Roda que las tramitaba».

Y así fue. El 24 de junio, esta pareja albaceteña recibió la comunicación de que les habían asignado dos hermanos, niña y niño, de 5 y 3 años de edad, una información que no les pilló por sorpresa, porque «ya nos dijeron que las adopciones en Etiopía pueden ser de hermanos, algo que no nos importaba en absoluto, porque queríamos tener varios hijos».

Prácticamente un mes después se celebró la comparecencia judicial para que el juez ratificara la renuncia de los padres biológicos de Woinhareg y Matias y avalara los informes de idoneidad de sus nuevos padres adoptivos.

De ida y vuelta

El 12 de agosto, Oscar y Lourdes cogieron un avión en Madrid y el día 13 llegaron a Etiopía a por sus pequeños. Lourdes lo recuerda como un momento de intensa emoción: «Esperaba no llorar de la emoción y, de hecho, Oscar me dijo que me aguantara para que ellos no nos vieran tristes». Les estaban esperando con sus mejores galas y ya habían sido informados de que su mamá y su papá iban a ir a recogerlos: «Woinhareg nos recibió con los brazos abiertos y Matias iba detrás de ella», recuerda la pareja.

Dicen que fue un momento «muy feliz» y, sobre todo, «muy deseado» con el que habían «fantaseado, meditado y pensado; fue como nosotros queríamos que fuera», asegura Lourdes García, que reconoce que, particularmente, «tenía mucho miedo a que no fuera así, porque siempre puede haber rechazo, sobre todo con una niña de cinco años que se da cuenta de lo que está sucediendo, y aunque hubiera sido así y me hubiera adaptado igual, es mejor de esta manera».

Una vez llegados a España y a su casa de Albacete, la comunicación con la mayor ha sido muy difícil porque «ella quiere explicaciones de las cosas y, como no nos entendía, no lo aceptaba».

Ahora habla mucho y aunque le falta vocabulario, comprende a sus padres a la perfección. Por su parte, Matias «lo repite todo como un lorito». Ambos han sido escolarizados en el colegio público San Fulgencio, lo que les ha procurado una rutina y normalidad que ambos necesitaban: «La niña está integrada estupendamente, y el niño va muy contento porque lleva un bocadillo en su mochila», explica la madre entre bromas.

A nivel pareja reconocen que su relación ha mejorado y que, como padres, les surgen dudas sobre la correcta educación de los hijos, algo normal y frecuente en cualquier familia.

En definitiva, admiten que «la adaptación es complicada, porque todos nos tenemos que adaptar a todos», pero merece la pena sobre todo por esas sonrisas que reciben los niños de blancos y negros cuando salen de paseo con sus papás. Enhorabuena.

 
Vocento