La pareja formada por Francisca Muñoz y Manuel Herrera es conocida en el mundo artístico por los Muher, ya que así firman los cuadros que ambos pintan al unísono en magnífica simbiosis de creatividad y técnica.
Hace mucho más de una década que la pareja decidió alternar su estudio de Madrid con otro en Totana. Poco a poco se fueron arraigando en el entorno totanero, y se compraron un huerto de 10.000 metros cuadrados, en forma de montículo, en cuya cumbre había una gran nave agrícola.
La creatividad de ambos y los conocimientos técnicos como arquitecto de Manolo Herrera se pusieron en juego ofreciendo como resultado una singular mansión, en la que han ubicado su estudio de arquitectura, pintura, escultura, y también su vivienda. Conservando la estructura original, han incorporado grandes cerramientos de cristal, que permiten una comunicación de todos los espacios con el paisaje del entorno. Es una edificación que el conocido critico de arte Marcos Ricardo Barnatán ha calificado como «una máquina de fabricar sueños» y que es todo un referente para la zona.
Mirada al siglo XIX
La edificación es una reinterpretación de la arquitectura de la huerta murciana, con elementos autóctonos y guiños recuperados de las fantásticas construcciones del siglo XIX, que tanto abundan en el entorno. Hay columnas de ladrillo hecho a mano, suelos de baldosa hidráulica antiguos, combinados a su vez con hormigón, vidrio, y acero corten oxidado, que confieren un particular y personal lenguaje a la casa.
En la zona dedicada a estudio de arquitectura, abundan las mesas de dibujo, los planos y ordenadores. En el estudio de pintura, multitud de cuadros plenos de color, en los que se cuaja la luz y el paisaje que entra a raudales por las grandes cristaleras. En el exterior está el taller de escultura.
Una parte de la casa está reservada a vivienda. Hay un salón comedor, y tres dormitorios, con su correspondiente baño. Los baños, de novedoso y original diseño al igual que el resto de la casa, son acristalados e integrados en la naturaleza circundante.
Aunque lo más impactante es el jardín y la piscina . Aprovechando los desniveles del terreno, han construido una poza, con cascadas que descienden hasta terminar en una especie de playa artificial. La abundante vegetación y estudiada distribución de la misma, le confieren a la piscina un aspecto de playa tropical. Especial encanto cobra la zona por la noche. Una estudiada iluminación con juego de colores dan al agua y jardines el espectacular aspecto de la obra pictórica de los propietarios de la casa. La vivienda se ha convertido en lugar emblemático de encuentro para artistas, y singular centro de creación multidisciplinar para sus propietarios.