Con el grito unánime de «somos personas, no animales», alrededor de 150 trabajadores extranjeros, empleados en las campañas agrícolas de la provincia de Albacete y limítrofes, protagonizaron ayer una manifestación desde los asentamientos ilegales de las antiguas fábricas de Pansalba y Saltó hasta la sede de la Asociación de Jóvenes Agricultores (Asaja), para exigir la implicación de los empresarios agrícolas en la consecución de alojamientos dignos, un recurso que evitaría la concentración de temporeros en naves abandonadas y desprovistas de los servicios más elementales como aseos, agua y electricidad.