La Verdad Digital
Sábado, 15 de julio de 2006
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OPINIÓN
TIRANDO A DAR
Mover montañas
Siempre que veo al Santo Padre (no importa a cual) descender de un avión, no puedo evitar recordar aquella escena, lejana ya, cuando en 1983 el pontífice visitó oficialmente Nicaragua y, frente a las cámaras de televisión que retransmitían aquel encuentro al mundo entero, amonestó e increpó duramente a un humilde Ernesto Cardenal que lo esperaba (si mal no recuerdo) de rodillas al final de la escalerilla del avión.

Yo, por entonces algo más joven que ahora, quise saber qué terrible mal habría cometido aquel hombre contra la humanidad para hacerse acreedor de las iras papales. Por supuesto, que para entonces ya había oído yo hablar de la Teología de la Liberación, pero ni por un momento imaginé que esa fuese la causa. Pero estaba equivocada.

Indagué. Todavía el mundo, el mío al menos, se movía en un porcentaje alto de creyentes, algo menos de practicantes, aunque bastantes más que ahora, pero aún no se había generalizado (bueno, más bien masificado) el culto a lo material, a la opulencia, a lo inmediato y la huida en masa hacia el ruido existencial, hacia la permisividad De todas formas, entonces como ahora, los más jóvenes buscaban, a través del ejemplo de otros hombres y mujeres, la imagen de un Dios solidario, cercano al sufrimiento, a la lucha diaria que mantienen los pobres de la tierra.

Averigüé que lo que se conocía como Teología de la Liberación mantenía que la salvación cristiana pasaba por la liberación económica, política, social e ideológica, que era necesario luchar contra la injusticia, la especulación, el espíritu de lucro; que era elemental dotar, en primer lugar, a los más pobres de unas condiciones de vida dignas antes de mostrarles cualquier fragmento evangélico, y no al revés como lo hacía la Iglesia en otras misiones. Es decir, «el dame pan y dime cristiano» pasaría a ser «soy cristiano porque he visto a un Cristo que me ha procurado el pan, la justicia y la dignidad». Qué lastima que ese compromiso, en todos los campos, con los pobres de la tierra, no es, no fuera, del agrado de un sector de la jerarquía eclesial católica que veía en esa postura ideas marxistas o politiqueras nada compatibles con el mensaje de Jesucristo. Visión bastante parcial, por cierto, puesto que reclinan sus cuerpos, sobre escudos vaticanicios bordados en oro, representantes de quien no tenía dónde reclinar su cabeza.

Probablemente, consideraban que se acercaban más al evangelio postulados de intolerancia religiosa, fanatismos y reglamentismo que guardaran la digna distancia que ¿debe? existir entre el pobre de solemnidad y el solemne enseñador de la palabra divina. Imagino que cualquier opción para intentar cambiar las condiciones de vida del explotado, arrimando el hombro para ello, pasaban por ser desechadas a priori. Qué pena que no estuviesen, quienes así piensan, en el momento en el que Jesucristo no pensó si sería conveniente o no luchar contra aquellos que convirtieron el templo «en casa de ladrones» y, sin dudarlo, agarró un vergajo y se lió a golpes.

Ayer como hoy, una parte importante de la Iglesia (por suerte tiene muchas partes) sigue iba a decir sin querer actualizarse a los tiempos, pero, sinceramente, creo que lo que hace es desactualizarse del tiempo real de la palabra de Cristo. Y las movilizaciones, a mi entender, no son tanto organizar tropecientos autobuses para apoyar el apoyo de su Santidad a la Familia (que está muy bien, pero que es, probablemente, innecesario), sino lograr movilizar el corazón de tanta gente que busca desesperadamente la razón de su existencia en el espiritismo, la cartomancia, la adivinación y cultos religiosos orientales que separan los pies de la tierra y las manos del barro que puede hacer que la gente mejore.

Mostrar que hoy también se pueden mover montañas, aunque para ello se utilice la palanca de la Teología de la Liberación (afortunadamente para aquellos que ven que Jesús sigue vivo en ella, pese a prohibiciones y balas como las que creyeron silenciar a uno de sus máximos exponentes: Ignacio Ellacuría).

anamto@yahoo.es



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