- ¿Le han desanimado los primeros datos de audiencia?
- El deseo de todos los que estamos en Divinos es que el espectador se entretenga y lo pase bien. Nosotros nos hemos divertido mucho haciéndola, y eso que es complicado y duro llevar a puerto este tipo de proyectos tal y como está el panorama televisivo. Las series van con unos presupuestos económicos ajustados, lo que te exige hacer un encaje de bolillos. No me voy a obsesionar con el número de espectadores.
- Ya se sabe el papel porque ya ejerció de fotógrafo en Periodistas.
- Son dos personajes muy distintos, aunque físicamente nos parecemos mucho -risas-. Lo que ya tenía aprendido era el manejo de la cámara. Además, en Divinos domina el tono de la comedia, mientras que en Periodistas había muchas situaciones dramáticas.
- ¿Ha tenido ayuda de algún reportero gráfico?
- No ha hecho falta porque tienes crónica social las 24 horas del día. Abres cualquier revista, pones la tele, y ahí está. Y no sólo los que dan la cara, también lo que hay detrás, con los montajes y los posados. Sí estuvo con nosotros una redactora que nos enseñó cómo era el funcionamiento interno de una agencia dedicada al corazón.
- Los que van a la caza de la foto no tienen muy buena imagen.
- Si existen es porque el producto se consume. Esto es un espectáculo, otra cosa es cuando entran en la intimidad de la gente sin permiso. Hay muchos famosos a los que si les va el juego y hacen montajes. Es un poco lo que hacíamos en La Cubana cuando jugábamos a realidad-ficción y no se sabía qué parte había de verdad y de mentira. Todos sabemos que Marujita Díaz no se ha enrollado con Daniel Ducruet -ex marido de Estefanía de Mónaco-, pero ella lo dice y te ríes. Otra cosa es que te saquen en la playa cuando tu no quieres salir, pero esto se solucionaría con una ley.
- Los expertos dicen que con la muerte de Rocío Jurado se ha ido todo de las manos.
- Estamos en la situación del todo vale, pero no sólo en la prensa del corazón, porque los informativos también han dado un giro para tener más audiencia y dar los cotilleos más morbosos. Parece que no hay límites, a la gente le echas carnaza y se lo come todo.
- ¿Qué retrato hace la serie de los paparazzi?
- No son ni buenos ni malos. Como pasa en todos los gremios, hay personas cojonudas y otras que son unos cabronazos. Esto también pasa en el mundo de la interpretación. Nuestros personajes son buena gente que, en ocasiones, se ven obligados a hacer cosas que no comparten porque están en un mercado muy competitivo. Lo que se muestra es bastante cercano a la realidad. En muchas ocasiones nos quedamos cortos porque, como siempre, la realidad supera a la ficción.
- ¿Cómo ve usted a Álex?
- Es buena gente, pero hace cosas que no le convienen. Era un reportero de guerra serio, formal, muy profesional que tras pasar una mala racha busca una oportunidad en una agencia de noticias del corazón muy cutre. No es que no sea buena, es que Rosi Press es lo peor, pero para él es una manera de ganarse la vida.