El médico Eufemiano Fuentes -quien, por cierto, no ha sido expulsado aún de su colegio profesional como parecería natural por obvias razones deontológicas-, procesado en la operación Puerto de la que es principal inculpado, ha decidido agitar el ventilador y señalar a otros deportes como destinatarios también de sus turbios manejos. Es claro que la depuración debe alcanzar a todos los ámbitos del deporte profesional en los que se haya recurrido a productos prohibidos para falsear las competiciones, pero también lo es que este sujeto no debería ser quien imparta las patentes de honradez o deshonestidad. Ni siquiera su palabra vale nada, ya que es de imaginar que este individuo piensa que su responsabilidad se diluirá cuanto más extendida esté la mancha de aceite de la corrupción. Son los jueces los que deberían mediar en este asunto levantando lo antes posible el secreto sumarial y acelerando los procedimientos para que la claridad se haga cuanto antes en este proceloso mundo.