No puedo creer que todos nuestros antepasados fueran más tontos que nosotros, pero sí me da la impresión de que algunos de sus descendientes han salido más listos que ellos. En general, salvo la de algún señor extravagante o simplemente inglés, la gente se construía sus casas de espaldas al mar. Ahora se edifican al borde de la orilla, en el lugar exacto donde los ecologistas aseguran que se sitúa el borde del abismo de la degradación medioambiental. El informe de Greenpeace es apocalíptico. Si nos lo creemos a pies juntillas, en vez de utilizarlos para salir corriendo, el Mediterráneo, en vez de azul marino, se vestirá de luto riguroso. Van a construirse millón y medio de viviendas en las costas españolas y según todos los síntomas la llamada fiebre urbanística continuará subiendo.