«Este terrible accidente marcará todo el Encuentro Mundial de las Familias». A primera hora de la mañana, el presidente del Episcopado, Ricardo Blázquez, resumía la tristeza que embargaba a todos los participantes en el V Encuentro Mundial de las Familias por la tragedia en el Metro de Valencia, y que al día siguiente se trasladaba a todos los puntos de la ciudad.
La Feria de las Familias vivió un emotivo momento con una parada silenciosa en la que participaron obispos, voluntarios, camareros, azafatas y numerosas familias. Todos juntos, en un profundo silencio, que de algún modo invadió todos los rincones de Valencia a lo largo de la jornada de ayer.
Un silencio que únicamente fue roto por una pequeña de doce años, quien antes del momento de oración por las víctimas leyó una carta en la que resumía el sentir de toda una ciudad: «Os acompañamos en este día que se ha vestido de ausencias y tristeza. Os llevaremos por siempre en nuestro recuerdo».
Aunque la organización del EMF decidió suspender todas las actividades lúdicas (conciertos, pasacalles, concursos) y reformular algunos de los actos, como el Rosario del viernes en la playa de la Malvarrosa (que estará dedicado a las víctimas y en el que muy previsiblemente se suspenderán los fuegos artificiales), decenas de familias continuaron acercándose al recinto ferial, en el que, pese a la amabilidad de los centenares de voluntarios, pesaba más el silencio que la comunicación.
La zona lúdica presentaba un aspecto sombrío, y en las exposiciones se hablaba más de la tragedia que de las presentaciones de libros o del Congreso Teológico-Pastoral, cuya inauguración quedó suspendida y cuyos actos de apertura quedaron reducidos a la mínima expresión, aunque a partir de se respetará el programa de conferencias.