Un centenar de personas, entre ellas religiosas, voluntarios del Encuentro Mundial de las Familias y ancianos, esperaron a la entrada de la Catedral de Valencia desde dos horas antes del comienzo de la misa funeral en memoria de las 41 víctimas del accidente de Metro.
Como consecuencia de las medidas de seguridad, que contemplaban el cierre de las puertas del templo en cuanto se llene de público, estas personas guardaron su turno junto a la puerta conocida como de los hierros de la seo valenciana.
Entre los que aguardan junto a la Catedral había dos veinteañeros voluntarios del encuentro que no llegan a los 20 años. Él, un chico de Yecla, como tantos otros murcianos congregados en la Catedral; y ella, de Torrevieja. Ambos habían pedido la tarde libre en la Feria Internacional de las Familias para poder asistir al funeral.
El muchacho, Pablo Jareño, relató cómo no pudo asistir a la concentración espontánea de voluntarios del EMF, convocados por mensajes sms, y por esa razón pidió permiso para ir al funeral. «Quiero venir a esta misa para que se demuestre que los voluntarios no sólo estamos aquí para pasar el tiempo: estamos con las personas porque la tragedia me pudo pasar a mí», manifestó.
Su amiga, Assumpta, explicó entre lágrimas que tiene que «agradecer ante Dios» que estuvo «a punto» de viajar en el convoy accidentado, y finalmente se subió a un autobús.