El dios Júpiter le ha dado una última oportunidad a Sosias: sólo salvará el pellejo si consigue hacer llorar al público. Tiene una hora para conseguirlo. En esta sencilla propuesta se basa el montaje de Ave Sosia. El título, por cierto, alude al romano Julio César, a quien se parodia en una de las escenas, y que es bastante posterior a los Aristófanes y Plauto en los que dice Alejandro V. García que se inspiró para escribir la comedia. Porque es una comedia irremediablemente, a pesar de los aparentes esfuerzos de Santi Rodríguez (Sosias) por arrancar preocupación y lágrimas de la concurrencia. Lo único que consigue de hecho es provocar más y más risas hasta que expira el plazo inexorable y muere fulminado por un rayo de Júpiter.
Había muchas maneras de abordar este eficaz argumento, que hubiera permitido por ejemplo dar un repaso humorístico a las tragedias griegas. Esa es la posibilidad que apunta al principio, recreando la Medea de Eurípides. Pero de ahí pasa al shakespeariano Julio César y de ahí a un autofuneral, con lo que se comprueba que no hay un hilo conductor, sino una búsqueda de excusas para provocar la risa. Entre las posibilidades que se abrían ante él, Alejandro V. García ha optado por la más obvia, que era convertir a Sosias en un trasunto del Frutero de la serie de televisión Siete vidas, de la que la comedia es un epígono, ahora que ha desaparecido de la pequeña pantalla.
Llamarle comedia mediterránea, por tanto, es ponerle un apellido vendible, porque tampoco se entiende qué pinta el mediterráneo en esta historia. Cierto que Sosias es un hallazgo griego, un personaje que descubrió Aristófanes, que desarrolló Plauto y que luego retomaron otros dramaturgos, entre ellos Molière. Un personaje que encaja con las características de Santi Rodríguez como anillo al dedo. Curiosamente Plauto (con Anfitrión) y Molière (con dos comedias) visitan este año el Festival de Teatro Clásico de Chinchilla, y el personaje de Sosias aparece dos veces, con lo que esta representación hubiera podido servir como bisagra, como hilo conductor de la edición 2006. Nada más lejos de la propuesta que vimos el lunes.
Santi Rodríguez es bastante más que el Frutero. Es un actor con tablas y recursos suficientes como para abordar empresas de mayor enjundia. De hecho, convierte Ave Sosia en mucho más que un monólogo humorístico como los que se han puesto de moda en el último lustro. Derrocha energía, dominio de la voz y del espacio escénico, controla el momento en el que debe colocar el chiste y en el que debe parar, está pendiente del público, canta las piezas que le han endilgado y lo hace con mucha dignidad. Podríamos decir que está enorme, si no fuera porque lo que sostiene no es enorme.
Después de una larga trayectoria profesional, ha encontrado un personaje popular que funciona, y es comprensible que trate de seguir sacándole partido. El Sosias que interpreta en Ave sosias tiene las mismas compulsiones escatológicas que caracterizan al Frutero: el sexo es su obsesión, tanto hablada como gestual, y la saca a relucir demasiado a menudo en busca de la risa fácil, a veces incluso con una insistencia excesiva. En ello centra la mayor carga de humor. Otra buena parte de los chistes son salidas de tono anticlimáticas, a veces morcillas espontáneas, como cuando suelta un parlamento mientras come melón, lo escupe varias veces, hasta que se sale del personaje para quejarse: «está verde».
Teatro Basura puede parecer un título excesivo, pero no olvidemos que en cierta manera el montaje procede directamente de un personaje de televisión, si bien es cierto que Siete vidas no era en sí un programa basura. Pero esperamos del teatro, y más especialmente aún del teatro clásico, que nos dé algo más que unas cuantas risotadas y un olvido. Duele sobre todo que desaproveche posibilidades abiertas con la idea inicial, que es sugerente. El amparo del Centro Andaluz de Teatro también desconcierta porque la obra es más propia de una compañía privada, con sus canciones de letras picantes y su escenografía facilona.
En fin, que le deseamos a Santi Rodríguez valor y suerte para escapar del éxito de su personaje del Frutero. No va a serle fácil, aunque cuenta con más de la hora que le dejan a Sosias para conseguirlo. Buena parte del público acudió atraído por la popularidad del protagonista y encontró sin duda lo que buscaba. Se rió y aplaudió al final los sudores del bueno de Sosias. Algunos veníamos de la plaza de la Mancha de disfrutar con la Big Band del Real Conservatorio profesional de Albacete, que obró el milagro de cambiar de nuevo la fisonomía de este espacio de origen medieval, después del abigarramiento del reciente mercado. Una idea que debe mantenerse ésta de programar actividades paralelas al festival que lo complementen y enriquezcan.