Alí Larijani, jefe negociador del programa nuclear iraní, dijo el lunes que pedir a su gobierno que renuncie al enriquecimiento local de uranio no es una demanda razonable y el ministro de Asuntos Exteriores, Manuchehr Muttaki, precisó que Teherán no contestará a la oferta que tiene sobre la mesa antes de mediados de agosto. De momento, solo acusa recibo.
El grupo ofertante -los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania- esperaban una respuesta consistente antes de que sus ministros de Asuntos Exteriores se reunieran en París el 12 de julio y, sobre todo, antes de que se reúna el día 15 en San Petersburgo el G-8, con Vladimir Putin como anfitrión.
Javier Solana, en su doble condición de encargado de la política exterior y de seguridad de la UE y plenipotenciario del grupo, se reúne hoy con Alí Larijani, pero las posibilidades de que Teherán cambie de rumbo y de tono son pequeñas. Irán no desea aparecer como obligado por la exhortación de la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, que dijo tras presentar la proposición que la respuesta debería tomar semanas y no meses.
La posición iraní ha cambiado algo tras recibir la conocida proposición, un buen paquete de incentivos, principalmente económicos, pero también políticos, a cambio de la congelación de su programa atómico con garantías de que podrá obtener combustible para sus centrales nucleares, construir con asistencia occidental un reactor de agua ligera y recibir ventajas comerciales incluido apoyo para entrar en la Organización Mundial de Comercio.
A la propuesta le faltan dos cosas, según una extendida impresión: a) que se reconozca el derecho nacional iraní -garantizado por el TNP, del que es signatario el país- a enriquecer uranio localmente; b) una garantía política y de seguridad que, en realidad, pide no al grupo en su conjunto, sino a los Estados Unidos, que deberían renunciar oficialmente a toda posibilidad de agresión.
Se dice que hay una tercera vía disponible de la que se tiene a Mohamed al-Baradei, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, por autor. Habrá que aceptar resignadamente que Irán enriquezca uranio en sus instalaciones, pero con una cantidad de centrifugadoras tan baja que sólo pueda ser útil en trabajos de laboratorio y ponga el conjunto de su programa bajo real control de la Agencia.
Estos días ha habido informaciones según las cuales Alemania estaría de acuerdo con este criterio, lo que confirmaría un cierto matiz de diferenciación que Berlín siempre ha querido acreditar. Washington, por su parte, tras flexibilizar considerablemente su postura, desea una salida negociada que le ahorre un escenario de confrontación: no dispone de un consenso regional adecuado para un conflicto con Irán y necesita la cooperación de Teherán, el régimen chií por excelencia, en Irak.