La crisis iniciada el 25 de junio con el secuestro del soldado israelí Guilad Shalit entró ayer en una nueva e incierta fase después de que las tres milicias que lo tienen en su poder decidieran, al expirar su ultimátum, interrumpir los contactos con Egipto, el país que durante una semana ha realizado las labores de mediador. No obstante, el Ejército Islámico, una de los tres grupos captores, manifestó que no piensa ejecutar al militar puesto que el islam prohíbe matar a prisioneros, aunque no especificó qué piensan hacer con él.