No es habitual que un abogado del Estado acabe con sus huesos en la cárcel. Tampoco que el penado hubiese realizado los estudios de Derecho con matrícula de honor y tenga el mérito de haber conseguido la nota más alta de la historia en el acceso al elitista cuerpo de abogados del Estado. Y que, además de todo eso, el sujeto dedique una parte del tiempo de su paso por prisión a elaborar uno de los primeros libros que se publican en España sobre Derecho Penitenciario, tomando como hilo conductor su propia experiencia en Alcalá-Meco, pone las cosas un poco complicadas.