Tiene ya el pelo y el bigote blancos y su estampa recuerda a los mandatarios del Este en la época comunista, durante la cual él estuvo tantas veces en el filo de la navaja. Walesa engarza su discurso con la habilidad del orador experimentado en dirigirse a muchos oyentes, ya sea desde la grúa de un astillero o la tribuna de un parlamento. Su lenguaje, sin embargo, es más propio de un político que de un líder sindical, y de ello da sobradas pruebas durante una entrevista mantenida en presencia de una decena de personas, incluida una de sus hijas, personal de la Embajada polaca y miembros de la Asociación Católica de Propagandistas. Ante todos ellos desgrana su filosofía existencial: «En la vida hay que solucionar el mayor número posible de crucigramas. Yo me alegro de haber participado en tantas cosas. Hubo tiempos difíciles, pero de ellos pude sacar conclusiones, y hubo cosas agradables de las que se sacaban otras. Algunos quieren pasar por la vida tranquilamente, sin complicarse la existencia y además con un buen nivel de bienestar. Eso es malo. A mí no me habría gustado. Hay que tener el mayor número posible de problemas; es decir, una cruz a tu medida».