La Verdad Digital
Jueves, 8 de junio de 2006
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OPINIÓN
CARTAS
San Agustín no confiaba en la biblia
Una de las investigaciones más minuciosas de los últimos tiempos, llega a la siguiente constatación: «Si hoy día leemos nuestro Nuevo Testamento, tenemos en las manos una compilación de libros que autorizaron e impusieron algunos obispos cristianos de dos concilios que se celebraron más de 300 años después de la muerte de Jesús».

Esto también lo sabía el padre de la Iglesia católica Agustín, cuando explicó que él no podría confiar en la biblia, a causa de sus numerosos errores, si la Iglesia no le diera la garantía por ella. Con ello la biblia ya no se muestra como la palabra de Dios que nos trajo Jesús de Nazaret sino más bien como la palabra de la Iglesia. Así quedarían fuera de la biblia muchas cosas que en ella se leen a su favor: las palabras a Pedro, como institución de una Iglesia oficial que Jesús de Nazaret jamás quiso; las palabras sobre el perdón de los pecados como una misión absolutoria para los sacerdotes; la desaparición gradual de la ley de siembra y cosecha, o el denominado mandato de bautizar, que llevó a la cristianización forzosa y al asesinato y homicidio. Los ejemplos de tales falsificaciones podrían proseguirse.

Y sin embargo, pese a todos los errores y extravíos al copiar, al «corregir» y al compendiar de nuevo los textos bíblicos, se conservaron elementos importantes del mensaje de Jesús: su sermón de la montaña, el ejemplo de su vida y ante todo su acto redentor.

El espíritu de Dios no se ata ni a letras, ni a textos, a los que nosotros nos aferramos. En todos los tiempos rompió estas limitaciones por medio de personas iluminadas, místicos, personas que oían la palabra interna y videntes proféticos. Así ocurre.en la actualidad: el espíritu del Cristo de Dios renueva y profundiza. Su enseñanza dada en Jesús de Nazaret. Así surgió, por medio de la palabra profética divina dada para la actualidad en el libro Esta es mi palabra, un informe auténtico sobre la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret y sobre el surgimiento de su reino de paz en esta tierra.



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