Pentecostés es una fecha que en Peñas de San Pedro tiene un especial interés ya que es el día en el que El Cristo del Sahúco regresa a la localidad, después de pasar nueve meses en la pedanía que recibe su nombre.
El pasado lunes y tras una misa en el Sahúco el Cristo era trasladado en procesión junto a su Santísima Madre hasta el punto de partida de la carrera, en la que ya se encontraban más de un centenar de andarines.
Allí la imagen es introducida en la caja, con el fin de no dañarla, como explica el encargado de abrirla y cerrarla en Peñas de San Pedro, Leopoldo Molina Vizcaíno: «Mi familia es la encargada de sacar al Cristo en Pentecostés y de meterlo el 28 de agosto en Peñas de San Pedro. Tiene que ir agarrado de los mismos clavos que le sujetan a la cruz, mediante unos tornillos, porque si no correría el riesgo de partirse, dada la velocidad que alcanzan los andarines en la carrera». Tras despedirse de la Virgen con un beso y ser introducido en la caja. los mozos comenzaron la carrera.
La tradición se remonta siglos, como nos comenta Apolonio Ramírez, natural de Peñas de San Pedro y andarín en multitud de ocasiones: «La imagen se la encontraron cuatro pastores; tres eran de El Sahúco y uno de Peñas de San Pedro. Por las rivalidades que existían entre los pueblos de alrededor, quisieron quitarles el Cristo a los de Peñas y un chaval que se enteró avisó a los vecinos, que salieron en calzoncillos pulgueros y se lo llevaron al pueblo. Por eso se supone que el Cristo pasa nueve meses en el Sahúco, porque tres pastores eran de allí y sólo un trimestre en las Peñas. También por esto los andarines van de blanco, porque imitan los calzoncillos pulgueros».
La carrera, como todos los años, transcurrió a una velocidad frenética, que sólo se detuvo en las tradicionales paradas del Pardalejo, la Rambla y el Puente de la Solana, donde los corredores recibieron avituallamiento y el apoyo moral de los vecinos de los pueblos y aldeas de los alrededores.
Las 22 parejas de andarines siguieron las instrucciones del santero (designado por el párroco) que veló por el correcto desarrollo de la carrera.
A las ocho y media y tras recorrer 14 kilómetros, los mozos, escoltados por un pequeño grupo de jinetes hacían su entrada triunfal en Peñas de San Pedro, entre los aplausos de las miles de personas que se concentraron para recibirlos, en uno de los momentos más emotivos de la jornada.
Lo intentaba explicar José Antonio González, andarín desde hace 26 años: «Las emociones que se experimentan cuando vas llevando al Cristo son difíciles de explicar, porque cuando vas corriendo vas con la gente, vas con los andarines, con los vivas y así nos vamos animando los unos a los otros y el trayecto se hace super corto, porque vas muy animado. Cuando llegas al destino la gente te anima y se te ponen los pelos de punta, experimentas una sensación que hace que corras sin querer».
Tras la llegada, el Cristo fue sacado de la caja y los andarines y los vecinos de Peñas de San Pedro, volvieron a pronunciar los clásicos vítores de ánimo:
«¿Viva el Santísimo Cristo del Sahúco!, ¿Viva! ¿Viva su Santísima Madre!, ¿Viva! ¿Palmas gandules! Entre palmas y los vítores, el Cristo volvió a encontrarse con la Virgen de las Peñas de San Pedro; volverá a El Sahúco el 28 de agosto.