A los españoles nos interesa poco la política nacional y miramos con escepticismo y hasta desconfianza instituciones como el Parlamento y el Poder Judicial. En cambio, descollamos como los europeos más propensos a lanzarse a la calle en manifestaciones en defensa de lo nuestro o en contra de algún proyecto de la administración de turno. La II Encuesta Social Europea (ESE) nos retrata optimistas respecto de las ventajas de la inmigración, satisfechos de servicios sociales como la sanidad pública y, en menor medida, la educación, pero menos conformes con la marcha de la propia vida de lo que cabría esperar.