La vida de Cristina no ha sido fácil durante su escaso año y medio de vida. El primer susto llegó en el octavo mes de gestación, cuando la ecografía se empeñaba en mostrar un bulto sospechoso en el interior de su pequeño estómago. Al nacer ya no hubo duda, se trataba de un tumor; benigno, aunque peligroso si continuaba creciendo. Quitarlo no era excesivamente arriesgado, pero Cristina tuvo mala suerte y la arteria que irrigaba su intestino y parte del colon se seccionó durante la operación. Tenía dos meses. Desde ese accidente quirúrgico, la pequeña se vio envuelta en una espiral de cirugías y complicaciones médicas que inutilizaron por completo su aparato digestivo.