El rastrillo promovido por las Voluntarias Vicencianas para recaudar fondos destinados a ayudar a familias necesitadas, mantendrá abiertas sus puertas también esta semana, hasta el jueves, en el colegio María Inmaculada. Hoy celebrarán una rifa. Con el dinero que obtienen se convierten en los ángeles de la guarda de 30 familias de los barrios más desprotegidos de la ciudad.
-¿Desde cuándo se celebra este rastrillo?
-Habitualmente organizamos una tómbola desde 1980, pero este año hemos optado por un rastrillo benéfico, donde se exponen para su venta artículos de artesanía realizados por las propias voluntarias y también algunas piezas que nos han entregado los comercios.
-Los fondos que recaudan, ¿para qué se utilizan?
-Tenemos montados unos talleres con los que ayudamos a unas 30 familias de los barrios de La Estrella y La Milagrosa.
-¿En qué consisten estos talleres?
-Se imparten en el colegio María Inmaculada y a ellos acuden las mujeres de esas familias para aprender un poco de todo, desde alfabetización hasta costura, higiene y cuidado de los hijos o sensibilización ante los malos tratos. Algunas mujeres se han sacado el graduado escolar y otras el carné de conducir. Además, les hacemos un seguimiento.
-¿Cómo es ese seguimiento?
-Pues para asistir a los talleres les exigimos que tengan a sus hijos escolarizados, eso es primordial. Luego, estamos pendientes de sus familiares, porque muchas tienen a sus maridos, hermanos o hijos en prisión, así que hacemos de enlace entre ellos, porque las Voluntarias Vicencianas también realizamos visitas a los internos de La Torrecica.
-¿Cuántas personas integran este grupo de voluntariado?
-En activo estamos unas 25 personas, otras son muy mayores para participar en las actividades pero siguen formando parte del grupo y contribuyendo a él. Seremos unas 50 ó 60.
-Además de los barrios de La Estrella y La Milagrosa, ¿con qué otras causas se vuelcan?
-También tenemos un grupo de voluntarias que está en el Asilo de San Antón y otro de gente joven que ayuda a organizar la tómbola. Dos veces al año, en mayo y en octubre, preparamos ropa para las familias necesitadas y en colaboración con el Banco de Alimentos también se les entrega comida.
-¿Sigue siendo necesario el voluntariado?
-Es cierto que las carencias no son las mismas que antes y que aquí no se pasa el hambre del Tercer Mundo, pero sigue habiendo necesidades básicas sin cubrir. Ahora no falta para comer, pero hay familias que no pueden llegar a final de mes porque tienen muchos hijos y no tienen dinero para pagar el alquiler, la luz o el agua. Sucede que muchas veces por ser vecinos de Las 600 o de La Estrella no les dan trabajo, hay mucho rechazo social, sólo por vivir en estos barrios desprotegidos.
-En su caso, ¿cuántos años lleva de voluntaria y por qué animaría a la gente a sumarse a esta labor altruista?
-Llevo 27 años como voluntaria y puedo decir que el voluntariado engancha, ayudar a los demás es algo precioso porque recibes más de lo que das y, al final, uno saca tiempo de donde sea para echar una mano.