Tenemos encima el Mundial de fútbol y aún no sabemos si podremos verlo sin pagar. El PP ha presentado una proposición no de ley para que el Gobierno garantice el acceso universal, libre y gratuito a los partidos de la selección española en señal analógica, es decir, sin que haya que comprarse un descodificador. Recordemos lo fundamental: un Mundial de fútbol, con participación española, es uno de esos acontecimientos que habitualmente se consideran de interés general, y cabe recordar que así quedó establecido en el Congreso de los Diputados hace casi diez años. Sería bueno rescatar el discurso que entonces lanzó Joaquín Leguina, al cual por otro lado, le asistía la razón. El hecho es que, desde entonces, el Estado está obligado a hacer lo posible para garantizar que los partidos de la selección nacional puedan verse televisados en toda España.
Quien debería asegurar esas cosas es TVE, pero la cadena pública renunció a pujar por los derechos de transmisión; puede entenderse que TVE no quiera gastar demasiado dinero en tiempos de reestructuración, aunque es obvio que, puestos a elegir, el esfuerzo de transmitir el Mundial encaja mejor con las funciones de TVE que muchos de los programas que actualmente exhibe en antena. Si no hay canal público para transmitir el Mundial, nada se opone, sobre el papel, a que sea una cadena privada quien lo haga; bastará con garantizar el principio de que todos los espectadores puedan verlo. El problema reside, precisamente, en que La Sexta no está en condiciones de garantizar que todos los espectadores puedan ver el Mundial, porque esta cadena no cubre todo el territorio nacional. La Sexta llega a muy pocos hogares. La cadena asegura que el 1 de junio alcanzará una cobertura del 80% . Pero eso, por un lado, nos hace depender a todos de la pericia de La Sexta para cumplir su objetivo, y por otro, mantiene el problema de fondo, pues un 20% de los espectadores verá que su derecho queda conculcado.
El problema que se le plantea ahora al Gobierno es cómo garantizar un derecho -ver los partidos de la selección- cuando ha renunciado al instrumento para materializarlo, porque TVE se inhibe. En realidad sólo hay dos opciones: una, que TVE compre a La Sexta -habrá que suponer que a precio de oro- los derechos de los partidos de la selección; dos, que el Gobierno financie la extensión de la señal analógica de La Sexta para que llegue al 100% del territorio nacional. Está claro que en eso consiste el negocio de La Sexta; es una empresa privada y está en su derecho. Pero recordemos, también, que en el capital de esa cadena figuran personas muy vinculadas al Gobierno. Si éste logra que todos veamos el Mundial, no pasará nada. Si no lo logra, habrá movida. O debería.