Todo el mundo se queja, con la excepción de algunos saqueadores de Marbella, de la lentitud de la justicia. La diosa de los ojos vendados tarda lo suyo, más lo de los señores jueces. Parece que en vez de dos platillos vacíos tuviera que acarrear dos bidones de aceite tan virgen como ella. Sí. Se lamenta todo el mundo de la parsimonia, que nada tiene que ver con la frugalidad, ni con la templanza, que son la primera y la segunda acepción de la palabra, sino con la tercera, que define el vocablo parsimonia como cachaza. El que tiene más motivos para quejarse es ese condenado a muerte en el Estado de Ohio que ha tardado 90 minutos en pasar a mejor vida. Exactamente lo que dura un partido de fútbol, sin contar el descanso, fue lo que tardó el hombre en descansar en paz.