Muy seria fue la corrida de Adolfo Martín, por astifina y por su comportamiento, en un erncierro muy exigente para los toreros y de interés para el público. El primer toro, ovacionado de salida por su trapío, tuvo el típico comportamiento de las alimañas de este encaste albaserrada. Se quedó debajo del capote Pepín Liria, buscando las zapatillas del torero. Como en todo encierro empujó el adolfo al caballo. Parecío desplazarse en el quite que le realizó Encabo. Brindó Pepín al modisto Lorenzo Caprile, diseñador del traje goyesco que lucía el torero murciano.