La Verdad Digital
Lunes, 24 de abril de 2006
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OPINIÓN
ZONA FRANCA
Las horas
El recién creado Observatorio de Horarios iniciará sus trabajos en mayo. Su objetivo: vigilar para que no trabajemos más horas de la cuenta. Diseccionará el mercado laboral y concienciará a todos -patronos y empleados- a que vivamos mejor. Desean implicar a la Iglesia, para que sus sacerdotes desde los púlpitos sermoneen a sus fieles sobre la conveniencia de potenciar valores como la pereza creadora de afectividad familiar y la moderación en el 'consumo' de trabajo, ya que ningún exceso es bueno. No se trata de satanizar el trabajo y angelizar el ocio, sino de alertar sobre el perjuicio que sobre la institución de la familia pueda ocasionar el mal empleo de las horas. Una Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios ha nacido, también recientemente, alentada por el soplo de adaptar nuestros locos horarios a los horarios europeos.

Aguerrida labor les aguarda a todos los agentes que trabajen en pro de esta utopía. En la sociedad competitiva los horarios de antaño han rodado por el suelo hechos añicos. Los jóvenes profesionales, los jóvenes operarios -cualificados o no- ya sólo saben que nuestras vidas son las hipotecas, que van a parar a la mar, que es el morir. Saben también que sus contratos les hablan de eventualidad; que el abismo de la precariedad los rodea En fin, al parecer todo le da la luminosa razón a Paul Lafargue, el luminoso autor de El derecho a la pereza, quien se atrevió a escribir ya en el último tercio del siglo XIX, que «el fin de la Revolución no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar intelectual y físicamente lo más posible». Y también, que «al día siguiente de la revolución, habrá que pensar en divertirse». Tales ideas disgustaban profundamente a Carlos Marx, que fue su suegro muy a su pesar. Lafargue era un cubano de Santiago, que se enamoró de una de las hijas del autor de El Capital. Los marxistas, comenzando por don Carlos, divinizaron el trabajo a extremos tan compulsivos como el del nuevo capitalismo naciente, y el cubano mestizo que era Lafargue defendía y pregonaba por América y Europa que no era el trabajo sino el placer, el objetivo máximo que debía perseguir la clase obrera, pues en su opinión, no existía 'trabajo enajenado' y 'trabajo liberado', como pensaba Marx, sino que la solución a esta contradicción estaba en enfrentar al trabajo embrutecedor con el ocio placentero. A lo sumo, Lafargue admitía el trabajo como el «condimento a los placeres de la pereza».

Utopía revolucionaria que había mamado de los grandes teóricos utópicos de la historia y que para la mentalidad judeo-cristiana de don Carlos se antojaba dañinamente subversiva. Utopía entonces y utopía ahora. No está mal de suyo que esta hermosa palabreja vuelva espectralmente a recorrer Europa. Aunque sea bajo el disfraz de un pretencioso Observatorio de Horarios.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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