Y es que los jóvenes de hoy ni piensan ni meditan porque no se lo permite la sociedad en la que viven. Todo está expuesto bajo el sol: los intensos estudios y deberes para poder ser competitivos, los ordenadores, la consola, la maquina digital, el bombardeo intensivo y despiadado de la TV y al final del día no les queda ni un sólo espacio para leer, para ser ellos mismos. Un tiempo a solas con sus conciencias valorando la jornada que acaba de pasar para rescatar lo bueno y alejarse de lo malo y no cometer los mismos errores.
La meditación ha de tener como complemento la lectura o bien la lectura un tiempo para la meditación. Todos los sabios que en el mundo han sido, han leído cientos de páginas y de libros para aprender de los que fueron por delante desbrozando el terreno y encendiendo luces allí donde había sombras. Luego de leer y meditar nos dejaron estos y otros profundos pensamientos y consideraciones sobre los que habría que abundar a nuestros jóvenes: «Pienso, luego existo», «Ser o no ser, he aquí la cuestión», «Sólo sé que no sé nada», «Conócete a ti mismo y así conocerás a los demás», «Habla solamente si consideras que tus palabras son más bellas que el silencio», «La tierra no es una herencia de nuestros antepasados, sino un préstamo de nuestros hijos»..
Leer para aprender; aprender para escribir. Leer las lecturas recomendadas por vuestros profesores , padres y amigos. Aquellas que vosotros mismos hayáis elegido. Leer despacio y subrayar las hermosas palabras que os salen al paso y que enriquecen vuestro vocabulario. Señalar aquellas frases o párrafos que os atraen por su mensaje, por la semántica y la música de los elementos que comportan los sintagmas y las proporciones. Aquellas frases que os acercan a vuestros pensamientos; que os abren los ojos ante algo que hace tiempo querías expresar pero que no podías.