Más de 20.000 personas esperan en estos momentos su ejecución en todo el mundo, según el último informe de Amnistía Internacional sobre el uso de la pena de muerte a nivel mundial, dado a conocer ayer. En el documento también se recogen las cifras de ejecutados el pasado año: al menos 2.148 personas murieron de esta forma en 22 países, aunque el dato es incierto por el secretismo que rodea en muchos casos la aplicación de estas condenas. Al interiorizar estas estadísticas, se llega fácilmente a la conclusión de que quienes tenemos la suerte de vivir en democracias avanzadas estamos en una especie de isla, rodeada de brutalidad, de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, de prácticas incompatibles con la idea misma de civilización.