Las Naciones Unidas han solicitado en su último informe medioambiental llevar a cabo una acción urgente para reducir la pobreza, promover el desarrollo y detener el cambio climático en los países subdesarrollados a través de la introducción de energías limpias. En el documento titulado: Tendencias para un desarrollo sostenible, la organización internacional reconoce que ha habido avances en la utilización de recursos energéticos y en el descenso de la contaminación atmosférica, pero que todavía quedan grandes desafíos. No en vano, 1.600 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la electricidad y 2.400 millones aún usan la leña o el estiércol para cocinar o calentarse. Concretamente en el África subsahariana sólo el 20% de las casas tienen acceso a la electricidad.
El Proyecto Milenio, dependiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, pretende establecer estrategias operacionales para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esto incluye revisar las prácticas innovadoras actuales, priorizar reformas políticas, identificar marcos de trabajo para la implementación de esas políticas y evaluar las opciones de financiación. Uno de los aspectos en los que más hincapié se hace es en el tema de la degradación ambiental, causa directa de muchos de los más apremiantes problemas sociales con que nos enfrentamos hoy día, incluyendo la pobreza, el hambre y las enfermedades. Asegurar la sostenibilidad ambiental se ha convertido, así, en una prioridad para la ONU. Los países en desarrollo, que soportan una profunda pobreza, necesitan con urgencia desarrollar sus economías y el reto que tenemos por delante es cómo desarrollar políticas que permitan un rápido crecimiento económico sin provocar la degradación ambiental que muchas veces acompaña dicho crecimiento. El criterio más importante para alcanzar este objetivo es que la planificación para el desarrollo de sectores tales como la agricultura, la gestión del agua, la reforestación, los recursos pesqueros, la energía, el transporte, la salud y producción industrial, se rijan de una vez por todas bajo los principios de gestión sostenible de los ecosistemas y de los recursos que los componen. El actual ritmo de extinción, a escala planetaria, es de unas 74 especies por día, o lo que es lo mismo, 3 especies cada hora. En el siglo XX, y según las estimaciones más conservadoras, se extinguieron unas 100 especies de aves o mamíferos de las 14.000 especies de mamíferos existentes en su momento. Si extrapolamos esa cifra al resto de los grupos faunísticos y a los botánicos, la cifra de extinción se puede calcular en el último siglo en unas 10.000 especies. Muchas de ellas antes siquiera de haber sido catalogadas y por tanto estudiado sus posibilidades. El laboratorio de la vida se extingue a un ritmo sencillamente vertiginoso y jamás sabremos cuantas especies que escondían en su interior potenciales remedios contra el cáncer, el sida o cualquier otra enfermedad desaparecieron incluso antes de haber sido conocidas.