No estoy en mi mejor forma, pero eso no es lo peor, sino que ya no tengo forma de estar mejor. No es que me encuentre demasiado mal: es que no encuentro a los amigos con los que siempre lo he pasado bien. Han muerto casi todos y vine a Madrid para verles. Citas largamente acordadas. Con Jaime Campmany, con Meliano Peraile, con José María Iglesias... A ciertas alturas de la vida se siente un vértigo contradictorio, ya que sabemos que estamos más cerca de la tierra que nunca. El caso es que cuando se mueren nuestros amigos su ausencia equivale a una mutilación. Debe de ser puro egoísmo. Ahora me llaman desde Málaga, en vez de llamarme a Málaga, para decirme que ha muerto Félix Bayón. Tampoco podré verle cuando vuelva y también estábamos citados.