La comisaria Noelie Kroes parece decidida a actuar contra el sector bancario de la Unión por abusos en el mercado de las tarjetas de crédito, que les permiten obtener «beneficios inaceptables» debido a la falta de competencia en la mayoría de los estados miembros.
España no es la excepción. Todavía resuenan los ecos de la protesta de los usuarios por las comisiones que algunos bancos han instaurado cada vez que se utilizan los propios cajeros automáticos.
Pese al acuerdo entre el sector financiero y los comercios para reducir las comisiones por el uso del papel de plástico, la competencia se resiente y aunque ha descendido sensiblemente el nivel de las tasas que demandan los unos a los otros, el consumidor es, como casi siempre, el perdedor.
Jaime Caruana, en su papel de desfacedor de entuertos, con epílogo a fecha fija, ha advertido recientemente de los riesgos monopolistas de los medios de pago en un mercado con sólo tres grandes operadores.
El uso de las tarjetas parece haberse disparado en los últimos tres años por la amplia y continuada campaña desarrollada para utilizarlas, favorecida por el fuerte endeudamiento familiar. Según un informe de las Cajas de Ahorro, España es el país europeo con la mayor red de cajeros automáticos y terminales de puntos de venta. El número de tarjetas ya es superior a los 66 millones, con un incremento anual del 21% y un volumen de transacciones cercano a los mil millones de euros anuales.
Una de las soluciones para fomentar la competencia en toda la Unión y conseguir que los consumidores se ahorren cientos de euros anuales es crear un sistema de pagos europeo capaz de competir con Visa y Mastercard.
La idea de la comisaria Kroes, que ha dado un ultimátum a las entidades financieras para que corrijan estos excesos, es poner en marcha urgentemente dicho plan para los 25 (todavía en fase de preparación), que bajaría costos y acabaría con la fragmentación de los mercados nacionales en este terreno. Esperemos que la iniciativa no se pierda, como en otras ocasiones, entre los cajones de los despachos, ni quede tan enmendada en la tramitación que no la reconozca ni su autora cuando se publique.