La noticia de que ETA habría remitido cartas de extorsión a empresarios navarros, divulgada por la Confederación de Empresarios de Navarra y publicada ayer en el Diario de Navarra, ha provocado la natural alarma, aunque se desconozca la fecha exacta del envío de las misivas, que fue en marzo. Con todo, las cartas parecen posteriores al alto el fuego ya que en ellas se «invita al empresario que las recibe a participar en el proceso de paz a través de una contribución económica», según el mencionado rotativo. Claramente, si las extorsiones son ciertas y provienen de ETA, habrá que dar por vulnerado el alto el fuego, que debe incluir, para ser verosímil y operativo, tanto las extorsiones como la kale borroka. Pero no por ello hay que dejarse arrastrar por un insuperable pesimismo: es muy probable que el proceso que acaba de comenzar encuentre obstáculos, bien debidos a la actuación de facciones desgajadas de ETA, bien deslizados por otros agentes que no quieren que se afiance el fin definitivo de la violencia. Ya se ha dicho que el proceso será largo, difícil y laborioso, y, aunque debe ser conducido con mano firme, no sería lógico desistir a la primera adversidad.