Algunos están pensando en irse a un país del Tercer Mundo para echar una mano y poner un poco de alegría en la vida de tantos niños que están en una situación de pobreza material y espiritual extrema.
Ese podría ser el caso de Nuria. Tiene varios hermanos, cada uno con su padre correspondiente, y a sus nueve años no sabe leer ni escribir. Era raro el día que comía un plato de caliente y su figura raquítica mueve a compasión.
Ahora, gracias a unos "misioneros", come todos los días en la escuela, recibe una educación personalizada y empieza a sonreír sin demasiado esfuerzo.
A nadie sorprende ya el caso de esta niña, pues hay cientos de miles de niños así por todo el mundo. Lo curioso es que esta criatura habla valenciano y vive aquí, entre nosotros, en nuestro hermoso y solidario Primer Mundo.
África no está tan lejos. También aquí necesitamos misioneros. ¿No te animas?