La Verdad Digital
Martes, 11 de abril de 2006
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OPINIÓN
LA VENTANA
Acotaciones al cambio de Gobierno
Bajo la superficie obvia de las cosas, la remodelación gubernamental puede enmarcarse mejor mediante el recurso a las siguientes acotaciones:



Por razones de sentido común, es incierto que Bono haya decidido retirarse de la política por cansancio o para recuperar el tiempo perdido en el ámbito de la vida privada. Un personaje como éste, que nunca ha dado puntada sin hilo, no se dejaría arrastrar por tales sentimentalismos primarios. Es, pues, denunciable cierta cobardía moral al emprender la retirada de una concreta responsabilidad con argumentos claramente falaces, acompañados de insinuaciones que forman una neblina ambigua y sospechosa.



La explicación más obvia de la retirada sería la que la atribuyese a discrepancias ideológicas. Bono, como Paco Vázquez y como Rodríguez Ibarra, se ha alineado siempre con el sector jacobino del PSOE, poco partidario de atender las reclamaciones de los nacionalismos periféricos, aunque haya discrepado en otros asuntos de los principales paladines de esta posición, los guerristas (que fueron, como es conocido, quienes le arrebataron la victoria frente a Rodríguez Zapatero en el 35 Congreso). Con todo, el proyecto estatutario que aprobó el Parlament de Cataluña ha quedado francamente desactivado y constitucionalizado, por lo que la estridencia no viene ahora a cuento. De cualquier modo, ya se advierte que Bono, poco a poco, quiere trasmitir la impresión de que ésta ha sido la causa de su defección. El titular de la entrevista de El Mundo del domingo apunta en esta dirección: «he querido, sin aspavientos, compatibilizar la coherencia con mis principios y la lealtad al presidente». En alguna medida, ha pretendido nadar y guardar la ropa, esto es, dejar constancia de su disidencia y, al mismo tiempo, no enemistarse con aquellos a quienes deja en la estacada.



Más bien parece que el factor decisivo de la renuncia ha sido otro: Bono ha visto frustrada su ambición de influir poderosamente sobre el Gobierno y su presidente. Y ello, junto a ciertas marrullerías, le ha acarreado la antipatía de un relevante sector del Gabinete, que ha dejado de reírle sus gracias o que nunca las entendió realmente. En efecto, salvo en su concreta área ministerial, Bono no ha tenido papel alguno en la política general de estos dos años. La coordinación política del Gobierno ha estado en manos de la vicepresidenta Fernández de la Vega y el rumbo ideológico ha sido marcado en todo momento por el jefe del Ejecutivo. Las pueriles exhibiciones de poder que ha hecho Bono por el procedimiento de filtrar informaciones del CNI no le han otorgado ascendiente alguno sino al contrario. La última de esas filtraciones, la de un informe sobre los flujos migratorios desde Mauritania a Canarias, ha acabado fortaleciendo a su sucesor, Alonso.



Bono también ha visto frustrada la hipótesis de convertirse en recambio de Zapatero si éste no acertase en el cometido que le fue asignado en el 35 Congreso socialista del 2000. Hoy ya es manifiesto que Zapatero está completamente afirmado al frente de su organización, de modo que incluso si perdiera las elecciones del 2008 su liderazgo no sería cuestionado. Y de cualquier modo, tras la gran renovación generacional, Bono no tiene ya seguidores en el PSOE.



La dimisión ha sido sobre todo un acto de coquetería política, es decir, de populismo; un populismo agravado por la insoportable liturgia castrense con que está aderezando su marcha. Tras dos años de tener que someterse a la inflexible disciplina gubernamental, Bono necesitaba consciente o inconscientemente singularizarse, dejar constancia de su propio sacrificio, ser reina por un día en todos los medios de comunicación, alardear de su forzada y empalagosa bonhomía, monopolizar por un momento todos los tópicos conocidos: la necesidad de que el PP y el PSOE estén juntos en los asuntos de Estado, preservar la unidad de España, abominar de los terroristas, ponerse como modelo de integridad



En muy difícil que Bono pueda capitalizar de algún modo este gesto dimisionario pero no es descartable que acepte a medio plazo algún ofrecimiento del PSOE, es decir, de Zapatero, quien podría utilizarlo para algún cometido concreto. Pese a la vacuidad del personaje, es conocido que sintoniza con las muchedumbres por lo que podría ser un mal enemigo para Ruiz-Gallardón o para Aguirre en Madrid.



Si en otro momento la defección de Bono hubiera debilitado a Zapatero, ahora ha resultado ser irrelevante políticamente, y beneficiosa desde el punto de vista del principal objetivo gubernamental de este momento y, previsiblemente, de toda la segunda mitad de la actual legislatura: la consolidación del llamado proceso de paz. Zapatero ha medido magníficamente los tempos de la crisis -que es la primera que se recuerda que no ha circulado antes en forma de rumor por los cenáculos- y ha dispuesto habilidosamente el aparato gubernamental de la mejor forma posible para acometer el gran anhelo de la paz definitiva.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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