El descontento no tiene edad. Es un territorio tan extenso que pueden entrar en él tanto los jóvenes más o menos sensatos como los alocados ancianos y, una vez dentro, quedarse a vivir durante mucho tiempo. Si no aceptamos perderlo todo, según el consejo de Jack Kerouac, estamos perdidos. Unas veces querremos más y otras querremos algo. Esa situación se está viviendo ahora en Europa y es común el estado de desánimo entre las criaturas recientes y los mayores con reparos. El cambio en el régimen de pensiones ha puesto en dificultades al sonriente Tony Blair. Más de un millón de trabajadores están en huelga en el Reino Unido porque no les consienten dejar de trabajar a partir de los 60 años y seguir cobrando como si estuvieran en activo. Estamos ante la rebelión de los veteranos. Aunque no sean panteras grises son perros viejos.