La simpatía, que es sin duda una de las formas de la inteligencia, consiste en que a las personas agraciadas con ese don les digan que sí antes de haber formulado una petición concreta. Debo aclarar lo antes posible que eso que llamamos simpatía no debe confundirse con la afectuosidad simulada, ni con la sonrisa de anuncio de dentífrico, ni mucho menos con la empalagosa aquiescencia. Si fuera así, los maitres de los restaurantes de cinco tenedores y algunos subsecretarios serían las personas más atractivas y agradables. ¿Cuántas veces nos ha caído simpática una criatura más bien hosca en apariencia? Quizá las simpatías y las antipatías, que tienen en común que son sentimientos urgentes, se basen en analogías secretas, pero también puede suceder que no tengan base alguna.