En Cataluña, Maragall y Carod-Rovira, artífices del tripartito, están mucho más preocupados por la estabilidad del gobierno de la Generalitat que por la suerte del futuro Estatuto de Autonomía de Cataluña. CiU orienta toda su estrategia, más que a lograr un buen Estatuto, a asegurarse cuanto antes la recuperación de la hegemonía perdida en Cataluña. Rodríguez Zapatero está manifiestamente atento a su supervivencia y a la de su partido tras el duro trance estatutario, y su principal anhelo actual es dejar cuanto antes atrás esta espinosa cuestión. Y Rajoy, por su parte, urgido y presionado por sus propios conmilitones y correligionarios, se afana en golpear con la vara estatutaria las posaderas de todos los actores de la gran comedia, con el propósito de ocupar el sillón del poder lo antes posible. No es extraño que el sentimiento de la opinión pública oscile entre el estupor y la indignación.