Hace poco conocimos el número de defunciones por aborto en España en el pasado 2004. El número de 85.000 se dice pronto y no se entiende su magnitud hasta que se compara con otra cifra también trágica: el número de asesinados el trágico 11M que estos días recordamos. 192 muertos contando con el pequeño Samuel, el niño en el vientre de su madre que es, por supuesto, una víctima más en la masacre.
Decía que el número de defunciones por aborto en 2004 es equivalente a casi 443 11M en un solo año. Más de uno al día. ¿Alguien se imagina un atentado como el aquel todos los días durante un año? Pues eso es lo que ocurre con el drama del aborto del que los negocios abortistas obtienen una rentabilidad económica. ¿Alguien se imagina a otros haciendo dinero con el asesinato de inocentes? Pues precisamente eso es lo que ocurre en España cada día.
Veo estos días el dolor de los familiares y amigos de las víctimas del 11M -yo mismo. Una de las bombas se llevó a un gran amigo mío. Descanse en paz- y pienso en todas las madres que pierden a sus hijos en manos de un practicante de abortos. Me las imagino desamparadas, solas, tristes, abandonadas y sin ayuda público para sacar a su hijo adelante.
Y me lamento de que en España cada día mueran más de 230 niños desamparados sin que ningún medio de comunicación se haga eco de la tragedia, sin que ningún organismo público trate de evitarlo de algún modo, ayudando a las pobres madres desesperadas que se ven abocadas a abortar, sufriendo después depresiones y trastornos por haber perdido al hijo que llevaban en su vientre.
Qué triste es que nadie -salvo asociaciones sin ánimo de lucro- se ocupe de ayudarlas. Menos mal que aún hay personas que piensan en las víctimas del aborto: los bebés no nacidos y las madres que abortan y sufren el dolor de perder a un hijo.