La Verdad Digital
Martes, 7 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
China mira al campo
Después de años de crecimiento acelerado y un proceso de industrialización vertiginoso, el Gobierno de China acaba de anunciar su intención de echar progresivamente el freno para ordenar el desarrollo e intentar que los ochocientos millones de personas que viven en zonas rurales puedan tener una oportunidad de beneficiarse del salto económico del gran país asiático; o al menos ese ha sido el anuncio realizado por el primer ministro chino, Wen Jiabao, en la inauguración del Congreso Nacional del Pueblo.

La realidad es que pocas dudas caben sobre el hecho de que la apuesta por la industria ha dejado a la gran mayoría de la población de China fuera del circuito del crecimiento económico, sometiendo a un galopante empobrecimiento a las zonas rurales y obligando a muchos campesinos a emigrar a las urbes prósperas para ganarse el sustento. Ya el equipo del antiguo primer ministro reformista, Zhu Rongji, diagnosticó con toda claridad el mal y pidió al todopoderoso partido comunista, la espina dorsal del régimen, que reordenara las prioridades del crecimiento económico, aún a riesgo de contenerlo un poco, y se esforzara en mantener equilibrios sociales básicos para la estabilidad del conjunto, incluyendo la creación de un embrionario sistema hospitalario. Ahora, y aunque al abrir la sesión de primavera del año legislativo vigente el primer ministro Wen Jiabao pareció sincero y un punto autocrítico, hay indicios de que el nuevo énfasis en la nueva gestión obedece a un creciente malestar social entre los campesinos que se ha materializado en incidentes de orden público con las autoridades provinciales, del mismo modo que las constantes tragedias en las minas de carbón -explotadas día y noche- han provocado airadas manifestaciones. El proceso de urbanización y el inherente éxodo del campo a la ciudad también fueron en su día la característica y la clave del desarrollo en Europa, fenómeno que por otra parte aún prosigue, aunque muy atenuado y con los Gobiernos occidentales ofreciendo incentivos para mantener la vida rural activa y rentable.

En el caso de China, se han trasladado a las dinámicas ciudades industriales y comerciales unos 350 millones de personas en los últimos veinte años y el cambio sigue y se acelera. Ante esta realidad, las autoridades de Pekín se han mostrado decididas a recortar el crecimiento económico a niveles del 7´5 % para enfriar la economía, al tiempo que se dedican recursos a la industrialización del campo, la sanidad y la educación. El objetivo es cerrar en lo posible la inmensa brecha que se está generando entre ricos y pobres, y entre el Este y el Oeste, antes de que ésta se convierta en el germen de futuros e imprevisibles conflictos. Nadie duda de que la tarea autoimpuesta por los gobernantes chinos es, desde luego, hercúlea. Pero es una asignatura que China ya no puede dejar más tiempo pendiente; no si quiere seguir manteniendo un rumbo mínimamente sostenible.



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