El director de la Agencia de Energía Atómica rusa, Serguéi Kiriyenko, lleva en Irán desde el jueves tratando de insuflar optimismo a la comunidad internacional en cuanto a la posibilidad de que las autoridades del país acepten la propuesta de enriquecer en Rusia el uranio destinado a sus plantas nucleares. Pero ayer, Kiriyenko no daba crédito a sus ojos cuando vio a su homólogo iraní, Gholamreza Aghazadeh, declarar que se ha alcanzado por fin un preacuerdo para poner en práctica la iniciativa rusa. De ser cierto, alejaría la posibilidad de que Irán sea objeto de sanciones.
Aghazadeh, que es además el vicepresidente de Irán, afirmó en una rueda de prensa celebrada en Busher que «las negociaciones han tenido un desarrollo adecuado y los dos países hemos llegado a un acuerdo básico para la creación de una empresa conjunta». Esa empresa mixta, de acuerdo con el contenido de las negociaciones, deberá encargarse de enriquecer combustible atómico iraní en territorio ruso. El máximo responsable del programa nuclear iraní señaló, no obstante, que las conversaciones hasta cerrar definitivamente el acuerdo continuarán en Moscú en los próximos días.
Kiriyenko, por su parte, se limitó a decir que las negociaciones van bien y expresó el convencimiento de que la crisis suscitada en torno al programa nuclear iraní se resuelva en el marco de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Es decir, sin que el asunto tenga que llegar a manos del Consejo de Seguridad de la ONU, en donde el primer punto del orden del día a discutir sería la aplicación de sanciones.
Sin problemas
El jefe de la delegación rusa aseguró que «apenas quedan ya problemas pendientes relativos a la organización, financiación y aspectos técnicos de la propuesta rusa». Kiriyenko dijo que «el problema se puede resolver en el seno de la AIEA, para lo que será necesario adoptar todas las medidas necesarias», dando a entender que quedan aún flecos que amarrar.
El responsable ruso, que ocupó en su día el cargo de primer ministro, admitió que Irán tiene derecho a contar con un programa nuclear para uso pacífico, pero dando las garantías necesarias de que no fabricará bombas atómicas. «La proliferación de armas de destrucción masiva es inaceptable y la comunidad internacional debe tener plena seguridad de que no se producirá bajo ninguna circunstancia», señaló Kiriyenko. Y ahí parece estar el escollo.La principal condición que Rusia pone a Irán es que cese las investigaciones en el ámbito nuclear y vuelva a observar la moratoria. Teherán, sin embargo, a juzgar por las declaraciones del ministro de Exteriores iraní, Manusher Mottaki, o el ministro de Energía, Said Parvij Fattoj, desearía tener la posibilidad de poder enriquecer uranio de forma independiente aunque fuera sólo a escala reducida.