Algo más de un centenar de menores, con edades comprendidas entre los 0 y 18 años de edad, fueron tutelados o protegidos por la delegación provincial de Bienestar Social a lo largo del año 2005, bien por la imposibilidad de sus padres biológicos de atenderlos, por negligencia o por causas temporales como un ingreso hospitalario o en prisión.
La protección de cualquier menor -en cualquiera de sus múltiples acepciones legales- para procurar su bienestar es obligación de las administraciones públicas, que tienen capacidad de asumir la tutela y guarda de niños y adolescentes en caso de que se encuentren en situaciones de riesgo.
Castilla-La Mancha y, en concreto, la provincia de Albacete, cuenta con una amplia red de atención a los menores pertenecientes a familias no normalizadas, siendo el centro Arco Iris de la calle del Ángel el primer destino al que acude este sector de la población, donde reciben las primeras atenciones y una evaluación para decidir sobre su siguiente destino.
Según los datos facilitados a este diario por la jefa del servicio de Familia de la delegación provincial de Bienestar Social, Aurelia Sánchez Navarro, un total de 110 menores y adolescentes fueron asistidos el pasado año en el centro de protección de menores Arco Iris, de los cuales 45 fueron menores extranjeros no acompañados.
Este dato revela que los menores inmigrantes que vagan sin familia por la ciudad ya suponen el mayor número de ingresos en este recurso asistencial. Sus particulares circunstancias hacen que la intervención con este colectivo sea especial, todo sobre teniendo en cuenta que la gran mayoría de ellos son adolescentes que han decidido abandonar su país, bien cruzando el estrecho en una patera o bien viajando en los bajos de un camión.
Comisaría Provincial de Policía, Fiscalía de Menores, Subdelegación del Gobierno y Junta de Comunidades, a través de Bienestar Social, intervienen de forma coordinada con estos menores extranjeros sin familia que, independientemente de sus circunstancias personales, son considerados como menores en desamparo cuya tutela recibe la Administración regional para ofrecerles todos los recursos necesarios que favorezcan su adaptación e integración en la sociedad.
No obstante y si estos menores inmigrantes tienen menos de 16 años, Bienestar Social intenta que regresen a sus países porque «lo que perseguimos siempre es la reagrupación familiar», indicó Aurelia Sánchez, quien aseguró que la actuación pública con este colectivo es «muy complicada» y, ante el aumento de niños inmigrantes desamparados «tenemos que estudiar nuevas medidas para ofrecerles soluciones más acordes a sus situaciones».
Reacios a otras familias
Además, se da la circunstancia de que estos menores extranjeros son reacios al acogimiento familiar temporal que propone Bienestar Social, porque «la mayoría ya son muy mayores para adaptarse a una familia que no es la suya y, además, española».
Otros menores que el pasado año ingresaron para una primera evaluación en el centro de protección Arco Iris procedían de la capital (30), de la provincia (31) y sólo 4 de otras comunidades autónomas del país.
En cuanto a las edades, Aurelia Sánchez significó que el mayor grupo lo componen los adolescentes entre 13 y 17 años, con un total de 53 acogidos el pasado año, seguidos de los niños de 8 a 12 años (27), de menores de 5 a 7 años (12), de 2 a 4 años registraron 10 ingresos y bebés de 0 a 1 años un total de ocho.
Los motivos y las causas por las que estos menores suelen ingresar en Arco Iris son múltiples y variados. Por un lado, Bienestar Social puede recibir la guarda voluntaria de niños de familias monoparentales, cuyo padre o madre tienen algún imprevisto y no tienen con quién dejar a sus hijos para su cuidado. En este aspecto, lo más común es el ingreso del progenitor en el hospital o en la prisión o algún viaje temporal para cuidar algún familiar.
Por otra parte se encuentran aquellos casos de niños cuya guarda asume la Administración regional ante la incapacidad de los padres para atenderlos, por negligencia de los mismos, por problemas de salud mental, etc. En ocasiones se ha dado la circunstancia de que Bienestar Social tiene que actuar de oficio contra la voluntad de los padres, siempre y cuando los servicios sociales detecten la situación de desamparo de los menores.
El destino
El objetivo último de la Administración es procurar la normalidad a los menores y por ello «la tutela la tenemos el tiempo imprescindible, hasta que le buscamos y encontramos una situación mejor al niño desamparado», indicó la jefa del Servicio de Familia de la delegación provincial, quien no obstante reconoció que siempre hay un número indeterminado de menores «que se quedan con nosotros hasta la mayoría de edad».
Precisamente y en cuanto al destino que tuvieron los 106 menores que por primera vez ingresaron el pasado año en el centro de protección Arco Iris, casi el 80% de ellos se dieron de baja de este recursos, al ser derivados a otros centros o servicios de la Administración pública.
Llama la atención que de esos 106 menores atendidos, sólo el 13% retornara con su familia biológica. La mayoría, un 50%, se trasladó a otro centro, bien terapéutico para corregir problemas de conducta, bien ubicado en otras provincias al considerar que es mejor para la integración social del menos o porque no hay plazas suficientes en Albacete.
Otros seis fueron acogidos por la familia extensa -hermanos, abuelos, tíos, primos -, ocho abandonaron el centro por alcanzar la mayoría de edad, otros tantos porque no llegaron a aceptar el recurso y uno fue acogido en una familia ajena.